Milei enfrenta un creciente desgaste: las encuestas reflejan el avance de la desaprobación y el pesimismo económico
Las encuestas no anticipan todavía un resultado electoral, pero sí advierten sobre un cambio en el clima político: el respaldo a Milei ya no puede darse por descontado y la disputa de 2027 comenzará, cada vez más, en el terreno de la percepción social sobre los resultados concretos de su gestión.

A poco más de un año de las elecciones presidenciales de 2027, Javier Milei comienza a enfrentar uno de los principales desafíos políticos de su gestión: sostener el respaldo social a un programa económico que, pese a los argumentos oficiales sobre la desaceleración inflacionaria y la estabilización de las cuentas públicas, encuentra crecientes señales de rechazo en la opinión pública.
Los últimos relevamientos conocidos muestran un escenario incómodo para la Casa Rosada. La desaprobación de la gestión presidencial supera el 58%, mientras que más de la mitad de los consultados califica negativamente el desempeño del Gobierno y casi la mitad anticipa que la situación económica empeorará durante los próximos seis meses.
Los números contrastan con el optimismo que exhiben Milei y sus principales funcionarios, quienes vienen anticipando un triunfo oficialista en las elecciones de 2027.
El estudio de Atlas Intel, realizado junto con Bloomberg entre el 30 de agosto y el 3 de septiembre, revela que el 58% de los encuestados desaprueba el desempeño del Presidente, frente a un 38,1% que lo respalda.
El dato adquiere relevancia política porque muestra que la distancia entre quienes apoyan y quienes rechazan la gestión continúa siendo considerable, aun cuando algunos indicadores económicos hayan mostrado una evolución favorable para el Gobierno.
La evaluación general de la administración libertaria tampoco consigue revertir la tendencia. El 52,7% considera que la gestión es «mala» o «muy mala», mientras apenas el 31,5% la califica como «buena» o «excelente». A esto se suma un deterioro de la imagen personal de Milei: la valoración positiva descendió al 35%, mientras la negativa trepó al 62%.
El problema para el oficialismo no parece limitarse a una cuestión de imagen presidencial. También alcanza al propio programa económico. Según el relevamiento, el 64% rechaza la idea de que las políticas impulsadas por el Gobierno sean necesarias aunque impliquen costos en el corto plazo.
Solo un 34% coincide con ese argumento, lo que evidencia una dificultad creciente para convertir el discurso del «sacrificio presente» en una expectativa de bienestar futuro.
El desgaste tampoco se distribuye de manera uniforme. La desaprobación alcanza al 65,9% entre las mujeres y llega al 66,5% entre quienes tienen entre 35 y 44 años. Este último dato resulta particularmente significativo: se trata de un sector central de la población económicamente activa, sobre el cual pesan de manera directa variables como el empleo, los ingresos, el consumo y el acceso a la vivienda.
Otro relevamiento, el QMonitor de QSocial Big Data correspondiente a agosto, presenta cifras similares.
Allí, la aprobación de la gestión libertaria se ubica en apenas 34%, mientras el 61% desaprueba la administración de Milei. Además, el 63% considera que el Gobierno no tiene capacidad suficiente para resolver los principales problemas del país.
En conjunto, los datos plantean una contradicción que el oficialismo deberá resolver antes de llegar a 2027: mientras el Gobierno intenta instalar la idea de que el orden fiscal y la baja de la inflación constituyen los pilares de una recuperación sostenible, una parte importante de la sociedad todavía no percibe esa mejora como un beneficio concreto en su vida cotidiana.
Una oposición que todavía no logra capitalizar el desgaste
El deterioro de la imagen presidencial, sin embargo, no se traduce automáticamente en un fortalecimiento de la oposición.
Los propios números muestran que el escenario opositor continúa fragmentado y que ninguno de sus principales referentes consigue construir una mayoría social contundente.
En la medición de Atlas Intel, Myriam Bregman aparece con un 43% de imagen positiva y un 51% negativa. Le siguen Cristina Kirchner, con 39% positiva y 55% negativa; Patricia Bullrich, con 38% y 55%, respectivamente; y Axel Kicillof, con 36% positiva y 55% negativa. Milei queda relegado al quinto lugar, con apenas 35% de imagen positiva y un 62% de valoración negativa.
El relevamiento de QSocial agrega otro elemento de interés: Kicillof aparece como el principal referente opositor para el 32% de los consultados, mientras Cristina Kirchner reúne el 23%. Bregman alcanza el 6% y Sergio Massa apenas el 2%.
Sin embargo, un dato resulta especialmente revelador: otro 23% no identifica a ningún dirigente como principal referente de la oposición.
La fotografía que dejan ambas encuestas es, por lo tanto, más compleja que una simple caída de Milei. El Presidente enfrenta un deterioro evidente de su capital político y una creciente resistencia social a los costos de su programa económico, pero sus adversarios todavía no consiguen transformar ese malestar en una alternativa electoral dominante.
Con un año por delante hasta la próxima elección presidencial, el oficialismo enfrenta el desafío de demostrar que la estabilización macroeconómica puede traducirse en mejoras concretas para la mayoría de la población.
La oposición, en tanto, tiene otro problema: capitalizar el descontento sin quedar atrapada en sus propias divisiones y en los altos niveles de rechazo que también pesan sobre buena parte de sus dirigentes.
