Milei en campaña: entre la épica de las reformas y una crisis social que desmiente su relato de prosperidad
El mensaje presidencial buscó instalar que las elecciones de octubre son un “momento bisagra” para consolidar el rumbo libertario. Pero más allá de la épica, la campaña se juega entre una promesa de prosperidad futura y la crudeza de un presente en el que amplios sectores sociales sienten que el costo del ajuste amenaza con “tirar a la basura” no logros, sino derechos y condiciones de vida básicas.

En plena carrera hacia las elecciones legislativas del 26 de octubre, el presidente Javier Milei buscó reforzar su narrativa reformista durante un acto en Mendoza, donde advirtió que “estamos cerca de tirar a la basura todo lo que hemos logrado”.
El mandatario apeló a un tono épico para defender la continuidad de sus políticas de ajuste, presentándolas como la única vía para alcanzar un futuro de prosperidad, pese a que los indicadores sociales y económicos dibujan un panorama sombrío.
El discurso se produjo en un contexto en el que la gestión oficial apenas puede mostrar como logro la desaceleración —parcial y vidriosa— de la inflación, mientras los precios de combustibles, alimentos y servicios siguen en ascenso. El deterioro industrial se tradujo en el cierre de al menos 400 empresas textiles y la retirada silenciosa de 16 multinacionales, mientras más de 270 mil empleos formales se perdieron y la informalidad escaló al 43% en el segundo trimestre de 2025. A su vez, la pobreza alcanza al 80% de la población y las jubilaciones mínimas cubren apenas un cuarto de la canasta básica, que ya supera el millón y medio de pesos.
Acompañado por Karina Milei, Alfredo Cornejo y Luis Petri, el presidente reivindicó a Mendoza como “ejemplo” del éxito que se alcanza cuando “el Estado no se entromete”, destacando el desarrollo de la industria vitivinícola. En esa línea, defendió una agenda de reformas estructurales que incluye una reducción tributaria, cambios laborales y mayor seguridad, bajo la premisa de crear un “loop de reformas permanentes” que liberen recursos al sector privado.
Sin embargo, el contraste entre la retórica oficial y la realidad social se vuelve cada vez más evidente. Mientras Milei sostiene haber reducido la presión fiscal y los piquetes, la economía real exhibe una contracara marcada por desempleo, precarización y caída del poder adquisitivo.
