30 de junio de 2026

Milei busca oxígeno tras las elecciones: el PRO y Caputo, claves en el rediseño de un Gabinete desgastado

El rediseño del Gabinete, más que un ajuste de gestión, será la prueba de fuego para saber si la administración libertaria puede construir poder propio o si dependerá de la tutela de Macri y de la sombra omnipresente de Caputo.

El Gobierno de Javier Milei enfrenta un punto de inflexión. A menos de dos semanas de las elecciones nacionales del 26 de octubre, la Casa Rosada ya prepara cambios en el Gabinete, tanto por bajas inevitables como por la necesidad política de recomponer un equipo que exhibe señales de fatiga.

El propio Presidente entiende que la gestión requiere “aire fresco” para encarar una segunda etapa marcada por la erosión interna, la presión social y la fragilidad de su armado original.

Las modificaciones no son menores: Patricia Bullrich dejará el Ministerio de Seguridad para asumir, en caso de ser electa, su banca en el Senado, y Luis Petri hará lo propio en Defensa. También se esperan movimientos en Justicia, donde la continuidad de Mariano Cúneo Libarona está en duda, y en Comunicación, con la salida de Manuel Adorni hacia la Legislatura porteña. Estos reemplazos no solo responden a la agenda electoral, sino también a la evidencia de que el diseño ministerial inicial carece de solidez política.

El factor más llamativo es la creciente influencia de Mauricio Macri, quien aparece como posible garante de “orden” en áreas clave. Aunque desde el PRO insisten en que no desembarcarán con nombres de peso, la posibilidad de que figuras amarillas ingresen a cargos estratégicos ronda los pasillos de Balcarce 50. Este eventual salvataje, lejos de consolidar la autonomía de Milei, expone la dependencia de un socio que hasta hace poco competía electoralmente contra él.

A esa tensión se suma la figura enigmática de Santiago Caputo, el asesor más influyente de Milei, cuya falta de cargo formal se transformó en un problema político. El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, llegó a sugerir públicamente que el Presidente debería definir su rol, en un gesto que revela internas larvadas dentro de la mesa chica libertaria.

El panorama muestra un gobierno que, a menos de un año de asumir, reconoce su desgaste y apela a cambios cosméticos y alianzas tácticas para sostenerse. La pregunta de fondo es si un recambio de nombres alcanzará para revertir la percepción de debilidad o si, por el contrario, confirmará que Milei gobierna condicionado por fuerzas externas y con un equipo cada vez más reducido y fragmentado.

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