2 de julio de 2026

El costo de no ser pobre en la Ciudad superó los $1,2 millones y la clase media exige casi $2 millones

Ser “no pobre” en la Ciudad ya implica superar el millón doscientos mil pesos de ingresos mensuales, mientras que la clase media comienza a partir de casi dos millones. Una vara cada vez más alta que expone la dificultad de miles de familias porteñas para sostener su nivel de vida en una de las economías urbanas más caras del país.

La medición oficial del Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA) confirmó que en septiembre una familia tipo porteña —dos adultos y dos menores— necesitó ingresos de al menos $1.255.934 para no ser considerada pobre, y de $1.997.377 para ser clasificada como clase media.

La cifra vuelve a poner en debate el acceso real de los hogares al consumo básico en un contexto donde la inflación desacelera, pero las canastas que miden pobreza e indigencia avanzan por encima del promedio.

Los datos muestran que la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que define el umbral de indigencia, subió 2,39% en septiembre, mientras que la Canasta Básica Total (CBT), que mide la pobreza, trepó 2,29%. Ambas variaciones superaron a la inflación de la Ciudad, que fue del 2,2%. En términos anuales, la línea de pobreza saltó de $993.854 en septiembre de 2024 a $1.255.934 este año, lo que representa un incremento de más del 26% en solo doce meses.

El informe también permite observar la fractura social en CABA: los hogares con ingresos inferiores a $674.757 quedaron en situación de indigencia, los que no alcanzan los $1.255.934 están bajo la línea de pobreza y los considerados “no pobres vulnerables” oscilan entre ese valor y $1.597.902. Por encima se ubican el “sector medio frágil”, con hasta $1.997.377, y la “clase media plena”, con ingresos de hasta $6.391.609. Los hogares que superan esa cifra entran en el segmento “acomodado”.

Más allá de la clasificación estadística, el dato central es que el umbral para pertenecer a la clase media en la Ciudad se acerca a los $2 millones, lo que plantea interrogantes sobre el poder adquisitivo de los salarios y el deterioro del ascenso social. El contraste entre la estabilidad macroeconómica que busca mostrar el Gobierno y la persistencia de niveles altos de pobreza en la capital del país desnuda una tensión estructural: la recuperación nominal de los ingresos no logra compensar el aumento sostenido del costo de vida.

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