10 de mayo de 2026

Más desempleo y relatos en tensión: el mercado laboral se deteriora mientras el Gobierno disputa los números de la pobreza

El dato del 7,5% no parece un techo sino un síntoma. La evolución del mercado laboral será, en los próximos meses, uno de los principales termómetros para medir no solo la marcha de la economía, sino también la credibilidad del rumbo político.

El cierre de 2025 dejó una señal difícil de relativizar: el desempleo en Argentina trepó al 7,5% y alcanzó su nivel más alto desde la pandemia, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos.

Pero más allá del número puntual, lo que emerge es un cuadro más amplio de deterioro del mercado laboral, con caída del empleo, aumento de la precarización y una creciente distancia entre los datos oficiales y el discurso político.

El incremento de 0,9 puntos en el último trimestre no solo refleja más personas sin trabajo, sino también una dinámica preocupante: el empleo total cayó en más de 140 mil puestos mientras la cantidad de desocupados aumentó en más de 200 mil, alcanzando a 1,64 millones de personas. Es decir, el problema no es únicamente la falta de generación de empleo, sino la destrucción neta de puestos de trabajo en un contexto de ajuste económico.

La comparación interanual profundiza la tendencia. En relación al mismo período de 2024, el desempleo creció 1,1 puntos, con una expansión de la población económicamente activa que no fue absorbida por el sistema productivo. El resultado es una presión creciente sobre un mercado laboral que muestra señales de estancamiento estructural: la tasa de actividad se mantuvo en 48,6% y la de empleo cayó al 45%.

El impacto no es homogéneo. Los jóvenes aparecen como el segmento más castigado, con subas significativas en la desocupación tanto en mujeres como en varones menores de 29 años. Este dato no solo evidencia dificultades de inserción laboral, sino que anticipa problemas de largo plazo en términos de desarrollo y movilidad social. A su vez, sectores como la construcción, el comercio y el servicio doméstico concentran buena parte de los desocupados, lo que sugiere un freno en actividades sensibles al ciclo económico.

En términos geográficos, las mayores tasas de desempleo se registran en grandes centros urbanos como el Gran Buenos Aires, Mar del Plata y La Plata, donde el impacto del ajuste y la caída de la actividad se expresa con mayor crudeza. Allí, la combinación de informalidad creciente y retracción del empleo formal amplifica la vulnerabilidad social.

Sin embargo, el dato económico convive con una narrativa oficial que lo tensiona. El presidente Javier Milei ha sostenido en reiteradas ocasiones que su gestión logra sacar “un millón de argentinos de la pobreza por mes”. Esa afirmación, al contrastarse con las cifras disponibles, presenta inconsistencias difíciles de explicar: el número absoluto de personas mencionadas crece, pero el porcentaje de pobreza se mantiene invariable, sin correlato estadístico ni demográfico.

En rigor, los datos muestran un recorrido más complejo. Tras la asunción de Milei en diciembre de 2023, la pobreza registró un salto significativo en los primeros meses de 2024, superando el 50% como consecuencia de la devaluación y la aceleración inflacionaria. Si bien luego se observó una baja según cifras oficiales, mediciones privadas advierten un repunte hacia fines de 2025, en línea con el deterioro del empleo.

El cruce entre ambas variables —desempleo en alza y pobreza con tendencias divergentes según la fuente— pone en evidencia una tensión central: la economía real comienza a mostrar límites más visibles, mientras el Gobierno intenta sostener un relato de mejora social que pierde consistencia frente a los indicadores.

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