Los únicos felices en este lio son los cerveceros, Guinnes se fabricará en el país
La historia de esta marca se remonta a 1925, año en el que nacía su fundador, Arthur Guinness, en la localidad irlandesa de Celbridge. Casi tres décadas después, con el dinero heredado de su padrino, el Arzobispo de Cashel, apenas 100 libras, decidió abrir una pequeña cervecería en el pueblo cercano de Leixlip. Con 30 años, Arthur, ya había logrado montar su propia compañía cervecera, pero no contento con eso, decidió ceder la fábrica a su hermano pequeño y se trasladó a la capital para intentar acometer mayores retos.

La emblemática cerveza irlandesa Guinness se fabricará por primera vez en Argentina y Sudamérica. La producción local comenzó gracias a un acuerdo firmado entre Diageo, la empresa mundial de bebidas, y la empresa argentina Rabieta, fabricante de cervezas artesanales, que abarca la producción en su planta en la localidad de Pilar, importación y comercialización de la famosa cerveza de Irlanda.
Para garantizar la calidad en la producción local, ambas empresas trabajaron durante más de tres años. Según detallaron, Diageo desarrolló una combinación de variantes importadas de cervecería en Dublín, Irlanda, con otras fabricadas localmente por Rabieta. La variante de Guinness Extra Stout ya se puede conseguir a través de venta online y en supermercados y autoservicios. En los próximos meses llegará también a los principales bares junto a su distintiva cerveza rubia Hop House 13 Lager.
Sin lugar a dudas, Guinness es la cerveza negra por excelencia y embajadora de Irlanda por todo el mundo. Destaca por su cremosidad y el curioso procedimiento que hay que seguir para servirla correctamente.
Ni falta decir que se trata de una cerveza de color negro profundo, como ya sabe todo el mundo, incluso aquellos a los que no les guste la cerveza. De sabores torrefactos procedentes de la malta tostada, que pueden llegar a recordarnos ligeramente al café, como muchas otras cervezas negras, pero esta está inigualablemente equilibrada, combinando perfectamente el amargor y el dulzor, y dando lugar a una cerveza totalmente armoniosa y aterciopelada.
Cuando hablamos de otras cervezas, solemos citar su larga lista de premios, con la Guinness no hace falta. No sabemos qué galardones se ha llevado, ni nos importa: sean los que sean sigue siendo una de las mejores y más icónicas cervezas del mundo.

Porque esta cerveza no se sirve de cualquier manera sino que hay todo un ritual detrás. Un procedimiento que dura algo menos de dos minutos, exactamente 119,5 segundos, que consiste en básicamente en inclinar el vaso en un ángulo de 45 grados, llenarlo hasta ¾ partes o el borde inferior del arpa dorada en caso de estar usando el vaso oficial de Guinness, dejar la cerveza reposar mientras se observa cómo las burbujas de nitrógeno descienden por el lateral del vaso para luego retornar a la superficie por la parte central del líquido, y finalmente llenar el vaso hasta que la corona de espuma sobresalga del borde. Lo bueno se hace esperar también en el mundo de la cerveza.
