24 de junio de 2026

Libano bajo fuego: Israel intensifica sus ataques aéreos contra Hezbolá

La reciente intensificación de los ataques aéreos israelíes sobre el sur del Líbano ha desnudado la profunda disonancia entre los esfuerzos internos de Beirut para restaurar la soberanía y la persistente estrategia de presión militar de Israel.

El jueves, los bombardeos israelíes —justificados como la destrucción de infraestructura militar de Hezbolá para impedir su rearme— coincidieron con una crucial reunión del Gobierno libanés que buscaba avanzar en el plan del Ejército para desarmar a la milicia chií y otros grupos armados.

El Ejército israelí, a través de su portavoz Avichay Adraee, sostiene que sus ataques se centran en instalaciones de Hezbolá «construidas en el centro de zonas pobladas por civiles», con el objetivo de evitar que el grupo, respaldado por Irán, «se rearme, se recupere y vuelva a hacerse fuerte».

Esta postura oficial israelí, comunicada incluso con advertencias de evacuación a los residentes, apunta a que el objetivo principal es la erosión continua de la capacidad militar de Hezbolá tras el alto el fuego mediado por Estados Unidos (que entró en vigor nominalmente hace casi un año). Analistas indican que la feroz campaña aérea ya ha debilitado significativamente al grupo.

Sin embargo, esta agresión plantea una paradoja para el Líbano. Mientras el Primer Ministro Nawaf Salam y su Gabinete intentan implementar un plan de desarme, el presidente libanés, Joseph Aoun , critica duramente los bombardeos, sugiriendo un vínculo directo: «Cada vez que el Líbano expresa su apertura a negociaciones pacíficas, Israel intensifica su agresión». Esta declaración refleja la percepción de que Israel está socavando activamente el proceso político interno libanés.

El desafío de la soberanía

El ministro de Información libanés, Paul Morcos, reconoció los «continuos obstáculos, entre los que destaca la continuación de las hostilidades israelíes», en la aplicación del plan de desarme. Esta situación deja al Gobierno libanés, que apoya la eliminación de las armas no estatales, en una posición altamente vulnerable.

Dilema interno, ¿Cómo puede el Gobierno legitimar y ejecutar el desarme de Hezbolá, una fuerza con profundo apoyo en ciertas zonas, mientras es percibido como incapaz de proteger a sus propios ciudadanos de los ataques de un país vecino?

Postura de Hezbolá

La milicia, por su parte, rechaza categóricamente el desarme. El jeque Naim Qassem reafirmó que el grupo está preparado para luchar, independientemente de la reducción de sus capacidades, reivindicando el «derecho legítimo a resistir a la ocupación».

Más allá de las infraestructuras, el costo humano sigue aumentando. El Ministerio de Sanidad libanés ha informado de más de 270 muertes y 850 heridos por acciones militares israelíes desde el alto el fuego, un argumento que el Gobierno libanés utiliza para afirmar que los ataques se dirigen contra civiles e infraestructuras no relacionadas con Hezbolá.

En esencia, la intensificación de Israel convierte el desarme de Hezbolá, que es un asunto de soberanía libanesa, en una condición impuesta por la fuerza, lo que solo sirve para reforzar la narrativa de resistencia de Hezbolá y complicar la capacidad de Beirut para llevar a cabo una transición pacífica. El mensaje de Aoun de que «su mensaje ha sido recibido» sugiere que, para Beirut, la acción militar israelí es una señal de rechazo a cualquier solución negociada.

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