La última marea ricotera se apagó al amanecer: terminó la despedida multitudinaria al Indio Solari
Cuando el reloj marcaba pasadas las 4:30, la familia del histórico músico decidió cerrar las puertas de un velorio que se transformó en una verdadera expresión de amor popular.

Tras casi 20 horas de emoción, lágrimas y recuerdos compartidos, finalizó en la madrugada del lunes la multitudinaria despedida de Carlos «El Indio» Solari en Villa Domínico.
Miles y miles de seguidores llegaron desde distintos puntos del país para darle el último adiós a quien marcó la vida de varias generaciones con sus canciones. Aunque las estimaciones sobre la cantidad de asistentes varían entre 200 mil y un millón de personas, las cifras quedaron relegadas ante una imagen mucho más poderosa: una comunidad unida por la música, la memoria y el afecto.
La jornada estuvo atravesada por el respeto y la calma. Ni el frío intenso del domingo ni la persistente llovizna nocturna lograron detener a quienes hicieron largas filas para rendir homenaje a su ídolo. En ese escenario de emoción colectiva, la despedida transcurrió sin incidentes y con una organización que fue destacada por las autoridades provinciales.
Desde el Ministerio de Seguridad bonaerense agradecieron el comportamiento de los asistentes y resaltaron el clima de convivencia que acompañó el histórico encuentro. Sin embargo, las palabras que más conmovieron llegaron desde el entorno íntimo del artista.
En un mensaje difundido tras el cierre del velorio, la familia del Indio agradeció el acompañamiento de los fanáticos y dejó una reflexión cargada de sensibilidad. «Ahora la lluvia nos manda a todos a casa, a seguir penando por dentro y a recordarlo como era: humano, infinito», expresaron.
El comunicado también recuperó una de las enseñanzas que el propio Solari parecía haber dejado como legado: la necesidad de que la música siga sonando más allá de la ausencia. Con una imagen profundamente simbólica, describieron al artista dejando encendidos sus equipos de guitarra y sonido, como una invitación a mantener viva su obra.
Así terminó la despedida física de una de las figuras más influyentes del rock argentino. Pero entre canciones, abrazos y lágrimas, miles de personas parecieron coincidir en una misma certeza: el Indio ya no está, pero su voz seguirá encontrando refugio en cada rincón donde vuelva a sonar una de sus canciones.
«Que su música no pare nunca más», fue el pedido final de su familia. Y también la promesa silenciosa de una multitud que comenzó a despedirse cuando amanecía, sabiendo que algunas historias nunca terminan de irse.
