La OCDE recorta su perspectiva para Argentina y advierte que el escenario global sigue expuesto a nuevos shocks
La nueva revisión de la OCDE funciona, en ese sentido, como una señal de que la estabilización macroeconómica no garantiza por sí sola una expansión sostenida y que el desempeño futuro dependerá tanto de las condiciones internacionales como de la evolución de la inversión, el consumo y las reformas económicas.

La economía argentina enfrenta un escenario de menor crecimiento al previsto meses atrás, en un contexto internacional que, aunque conserva cierta capacidad de resistencia, continúa condicionado por la incertidumbre geopolítica, los precios de la energía y las presiones inflacionarias.
En su nuevo informe de Perspectivas Económicas Intermedias, publicado este 23 de septiembre, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) proyectó un crecimiento global del 2,9% para 2026 y del 3% para 2027.
La estimación para este año fue revisada levemente al alza, pero el organismo redujo su previsión para 2027, lo que refleja una economía mundial que logra absorber los shocks, aunque con un ritmo de expansión más moderado.
Para Argentina, el escenario es más exigente. La nueva evaluación implica una reducción respecto de la proyección difundida por la OCDE en junio, cuando estimaba una expansión del Producto Bruto Interno de 2,8% para 2026 y 3,5% para 2027.
El organismo sostiene que el crecimiento argentino seguirá dependiendo en buena medida del desempeño de sectores como energía, minería y agroindustria, mientras que el consumo privado continúa condicionado por las tasas de interés y la evolución de los ingresos reales.
El dato adquiere relevancia porque muestra que la recuperación argentina no está exenta de límites. La mejora de algunas variables macroeconómicas convive con restricciones sobre el consumo y con una economía todavía vulnerable a cambios en el escenario externo.
En ese sentido, la OCDE advierte que una desaceleración del proceso de reformas podría afectar la confianza y frenar tanto el consumo como la inversión.
A nivel internacional, el organismo considera que la economía global ha soportado mejor de lo esperado el shock energético derivado de los conflictos en Medio Oriente. La utilización de reservas estratégicas, una mayor oferta proveniente de países fuera del Golfo y la diversificación de las rutas de suministro contribuyeron a amortiguar el impacto sobre la actividad.
A esto se sumó el fuerte impulso de las inversiones vinculadas con la inteligencia artificial.
Sin embargo, la OCDE advierte que esa capacidad de resistencia no elimina los riesgos. La evolución del conflicto en Medio Oriente continúa siendo incierta y cualquier interrupción prolongada en el suministro energético podría volver a presionar sobre los precios y afectar el crecimiento. El organismo también identifica como amenaza un eventual fenómeno de El Niño de gran intensidad, debido a sus posibles efectos sobre la producción agrícola y los precios de los alimentos.
Las diferencias entre las principales economías también marcan el escenario. Estados Unidos crecería 2,2% en 2026, mientras que la zona euro avanzaría 1%. China, en tanto, registraría una expansión de 4,5%, aunque con una desaceleración prevista para 2027, cuando el crecimiento se ubicaría en 4,2%.
En materia de inflación, la OCDE anticipa una presión global todavía significativa: para el conjunto del G20 proyecta una tasa de 4,1% en 2026, antes de moderarse al 3,6% en 2027.
En el caso argentino, el organismo espera que continúe el proceso de desinflación, aunque condicionado por el impacto de los mayores costos energéticos y de los fertilizantes.
El diagnóstico deja así un escenario con dos caras para la Argentina: por un lado, la posibilidad de sostener el crecimiento mediante sectores exportadores estratégicos; por otro, una recuperación que enfrenta límites internos y una mayor exposición a shocks externos.
