La mayoría de los hogares argentinos integra la clase baja
El informe refleja una Argentina atravesada por una marcada desigualdad socioeconómica, donde la frontera entre ser pobre y dejar de serlo no garantiza automáticamente el acceso a condiciones de vida propias de la clase media.

Un informe de la Consultora W expone una estructura social marcada por una fuerte concentración de los ingresos en los sectores de mayores recursos y revela que más de la mitad de la población argentina se ubica dentro de la denominada clase baja.
El dato vuelve a poner en discusión la distancia entre los ingresos promedio y la capacidad económica efectiva de la mayoría de las familias.
Según el estudio, el ingreso familiar promedio en Argentina se sitúa en torno a los $2,8 millones netos mensuales. Sin embargo, ese valor general no refleja necesariamente la situación del hogar típico: una parte significativa de la población registra ingresos considerablemente inferiores, lo que evidencia una distribución desigual de los recursos.
En la base de la pirámide social se encuentran los hogares considerados de clase baja, tanto aquellos que se encuentran por debajo de la línea de pobreza como los que, pese a no ser pobres bajo los criterios utilizados, mantienen una situación económica vulnerable.
El 21% de la población integra el segmento de clase baja en condición de pobreza, con ingresos familiares promedio cercanos al millón de pesos mensuales. Se trata del sector con mayores restricciones económicas y menor margen para afrontar aumentos de precios, servicios, alimentación y otros gastos esenciales.
A este grupo se suma otro 31% correspondiente a la clase baja no pobre. Aunque sus ingresos superan los niveles utilizados para definir la pobreza, continúan lejos de los sectores medios y altos.
En este segmento, los ingresos familiares parten aproximadamente de los $1,5 millones mensuales.
En conjunto, ambos grupos representan el 52% de la población. Es decir, más de uno de cada dos argentinos se encuentra en los escalones inferiores de la estructura socioeconómica, una proporción que permite observar con mayor claridad el peso de la desigualdad en la distribución del ingreso.
La denominada clase media baja representa otro 26% de la población. Para ingresar a este segmento, el ingreso familiar comienza alrededor de los $2,5 millones mensuales.
Si bien se encuentra por encima de la base de la pirámide, el salto respecto de los sectores más vulnerables no implica necesariamente una situación de holgura económica, especialmente frente al costo de vida.
Por encima aparece la clase media alta, que reúne al 17% de la población y cuyos ingresos familiares se ubican entre los $4,5 millones y los $6,5 millones mensuales.
En el extremo superior de la estructura se encuentra la clase alta, integrada por apenas el 5% de los habitantes, con ingresos familiares que comienzan en aproximadamente $9 millones por mes.
Los números muestran una estructura social profundamente segmentada. Mientras una mayoría se concentra en los niveles de menores ingresos, una proporción reducida de hogares se ubica en los estratos superiores y concentra una capacidad económica significativamente mayor.
El contraste entre el ingreso promedio de $2,8 millones y la composición de la pirámide también resulta relevante: los promedios pueden ofrecer una imagen general que pierde fuerza cuando se observa cómo se distribuyen realmente los recursos.
En una sociedad donde una mayoría permanece en los escalones inferiores, el crecimiento del ingreso promedio no necesariamente significa una mejora equivalente para todos.
