15 de junio de 2026

La informalidad laboral avanza: empleados de Comercio, entre los sectores con más empleo en negro

Lejos de mostrar señales de recuperación estructural, la informalidad continúa expandiéndose y afecta a sectores que históricamente concentraron una importante generación de puestos de trabajo, como el comercio, donde más de la mitad de los trabajadores desarrolla sus tareas sin acceso pleno a derechos laborales básicos.

La persistencia de elevados niveles de empleo no registrado se consolida como uno de los principales desafíos del mercado laboral argentino.

Según los últimos datos disponibles, la informalidad alcanza a más del 43% de los ocupados del país, una cifra que refleja la creciente dificultad de la economía para generar empleo registrado y de calidad. Detrás de ese porcentaje se encuentran millones de personas que trabajan sin cobertura de salud, aportes previsionales, vacaciones pagas, aguinaldo o protección frente a un eventual despido.

En este contexto, el sector mercantil aparece entre los más afectados. Con más del 50% de sus trabajadores fuera de los registros formales, la actividad ocupa uno de los primeros lugares entre los sectores con mayores niveles de precarización laboral. El dato resulta especialmente significativo debido al peso que tiene el comercio como empleador en la estructura económica argentina y al rol histórico de su representación sindical.

La situación no puede analizarse de manera aislada. La combinación de recesión económica, caída del consumo y cierre de pequeños y medianos comercios ha generado un escenario donde muchos trabajadores aceptan condiciones laborales precarias como única alternativa para sostener sus ingresos. Al mismo tiempo, numerosos emprendimientos enfrentan dificultades para afrontar los costos asociados a la contratación formal, profundizando un círculo de informalidad que afecta tanto a empleados como a empleadores.

Otro elemento que suma controversia es la implementación de la reforma laboral. Diversos especialistas y sectores sindicales advierten que algunos cambios normativos podrían modificar las estadísticas sin resolver necesariamente los problemas de fondo. La incorporación de determinadas modalidades de contratación y la expansión de esquemas vinculados al monotributo podrían reducir formalmente los índices de empleo no registrado, aunque sin garantizar derechos equivalentes a los de una relación laboral tradicional.

En otras palabras, el debate no pasa únicamente por la cantidad de trabajadores contabilizados como formales, sino por la calidad de esa formalización. La discusión gira en torno a si las nuevas modalidades representan una verdadera ampliación de derechos o simplemente una redefinición administrativa de categorías laborales ya existentes.

La precarización también presenta fuertes diferencias entre actividades. El trabajo doméstico continúa encabezando los índices de informalidad, seguido por la construcción y el sector gastronómico y hotelero. En todos los casos, se trata de actividades con alta rotación laboral, fuerte presencia de pequeñas unidades productivas y dificultades históricas para garantizar el cumplimiento de la normativa laboral.

El impacto social de esta realidad es profundo. La brecha de ingresos entre trabajadores registrados e informales se amplía año tras año y contribuye al crecimiento de la pobreza entre personas que, aun teniendo empleo, no logran cubrir el costo de vida. La figura del trabajador pobre, antes asociada a situaciones excepcionales, se convirtió en una característica cada vez más frecuente del mercado laboral argentino.

La problemática afecta especialmente a los jóvenes, quienes registran algunos de los niveles más altos de informalidad. La falta de acceso temprano a empleos registrados no solo condiciona los ingresos presentes, sino también la construcción de una carrera laboral, la acumulación de aportes jubilatorios y las posibilidades de movilidad social futura.

En contraste, los menores niveles de informalidad se observan en sectores donde predominan grandes empresas, altos niveles de inversión y una fuerte presencia de convenios colectivos, como la actividad financiera, energética, minera y automotriz. Esa diferencia evidencia que la estabilidad laboral continúa estrechamente vinculada al grado de organización productiva y sindical de cada sector.

Más allá de las cifras, el avance de la informalidad plantea un interrogante central para la economía argentina: si el mercado laboral será capaz de generar empleo genuino con derechos o si la precarización terminará consolidándose como la norma para una porción cada vez más amplia de los trabajadores.

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