La inflación volvió a acelerarse: el IPC subió 2,1% en julio y puso en duda el relato oficial de desinflación
El repunte del índice tras la baja de junio encendió una señal de alerta para el Gobierno de Javier Milei. Aunque el resultado quedó dentro del rango anticipado por Luis Caputo, no logró perforar el umbral del 2% y volvió a mostrar presión en alimentos, turismo y servicios.

La inflación volvió a tomar impulso en julio y expuso las dificultades del Gobierno para consolidar una desaceleración sostenida de los precios. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó este jueves que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba del 2,1%, un dato que interrumpió la expectativa oficial de mantener la inflación por debajo del 2%.
Con este resultado, el aumento acumulado en los primeros siete meses de 2026 alcanzó el 19,3%, mientras que la variación interanual se ubicó en 33,8%. Si bien el porcentaje no representa un salto brusco, el rebote respecto de junio refleja que el proceso de desinflación continúa siendo más frágil de lo que sostiene el discurso oficial.
El mayor incremento del mes se observó en Recreación y Cultura, con un 5%, impulsado principalmente por el encarecimiento de los paquetes turísticos y los servicios culturales. En segundo lugar se ubicaron Restaurantes y hoteles, que aumentaron 2,8%, evidenciando que los servicios siguen mostrando una dinámica de precios más resistente a la desaceleración.
En el extremo opuesto, Bebidas alcohólicas y tabaco registraron una suba moderada del 1,5%, mientras que Prendas de vestir y calzado mostraron una caída del 1,3%, uno de los pocos rubros con variación negativa.
Más allá de esos movimientos sectoriales, Alimentos y bebidas no alcohólicas volvió a tener una incidencia determinante en el índice general, un dato especialmente sensible por su impacto directo sobre el poder adquisitivo de los hogares.
El comportamiento también mostró diferencias regionales. El Gran Buenos Aires encabezó las subas con 2,3%, mientras que Cuyo registró el menor incremento, con 1,9%.
Horas antes de conocerse el informe, el ministro de Economía, Luis Caputo, había intentado moderar las expectativas al señalar que la inflación de julio se ubicaría entre 1,9% y 2,3%. Durante una visita a la Bolsa de Comercio de Córdoba, el funcionario afirmó que el Gobierno continúa «profundizando el proceso de desinflación» y reiteró que la Argentina «inevitablemente va a converger a una inflación internacional».
Sin embargo, los indicadores previos ya sugerían un escenario menos favorable. La inflación de la Ciudad de Buenos Aires había marcado 2,9% en julio, una aceleración significativa frente al 1,8% de junio. En la capital, los precios acumulan 19,4% en lo que va del año y 33,2% en los últimos doce meses.
El dato nacional, aunque inferior al porteño, dejó un mensaje incómodo para la Casa Rosada: la desaceleración no logró consolidarse y el objetivo de quebrar la barrera del 2% sigue sin concretarse. Para una administración que convirtió la lucha contra la inflación en el principal argumento de legitimación de su programa económico, el repunte de julio representa algo más que una décima adicional: expone que la estabilidad de precios todavía depende de un equilibrio precario entre ajuste, consumo debilitado y expectativas que continúan lejos de estar completamente ancladas.
