4 de mayo de 2026

La industria arrancó el 2026 con retroceso: el uso de la capacidad instalada cae al nivel más bajo desde 2002

El panorama plantea interrogantes sobre el rumbo de la política productiva: con niveles de utilización tan bajos, gran parte de la estructura industrial del país permanece ociosa, lo que no solo impacta en la inversión sino también en el empleo y en la capacidad de crecimiento de la economía argentina.

El inicio de 2026 dejó una señal preocupante para el entramado productivo argentino. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina, la utilización de la capacidad instalada en la industria se ubicó en apenas 53,6% durante enero, el registro más bajo para ese mes desde la crisis económica que atravesó el país en Crisis económica argentina de 2001-2002.

El dato no solo refleja un nivel de actividad débil, sino también un retroceso frente al 55% registrado en enero de 2025, lo que evidencia que la industria no logra recuperar dinamismo en un contexto económico marcado por la caída del consumo y el aumento de las importaciones.

Los sectores más golpeados son, paradójicamente, aquellos con mayor capacidad de generar empleo. La industria textil mostró uno de los desplomes más severos: apenas 23,7% de utilización, muy por debajo del 33,9% del mismo período del año anterior. La caída se explica por la fuerte retracción en la producción de tejidos y procesos de acabado, actividades particularmente sensibles a la competencia externa y a la debilidad del mercado interno.

Un panorama similar atraviesa la industria automotriz, que operó al 24% de su capacidad, lejos del 34,8% registrado un año atrás. Las terminales automotrices redujeron su producción en más del 30% interanual, reflejando tanto la caída de la demanda como la incertidumbre del sector.

La situación tampoco mejora en la metalmecánica —excluida la automotriz— que apenas alcanzó 31,4% de uso de su capacidad instalada. Dentro de este rubro, las mayores contracciones se observan en la fabricación de maquinaria agrícola, que cayó 32,1%, y en la producción de electrodomésticos como heladeras o lavarropas, con una baja del 35,8%. En estos sectores, empresarios y especialistas advierten que la apertura comercial y el aumento de importaciones profundizan las dificultades para sostener la producción local.

En contraste, los niveles más altos de utilización se registraron en refinación de petróleo (86,8%), industrias metálicas básicas (67,6%) y productos químicos (64,8%), actividades más vinculadas a la energía y a los sectores exportadores. También se mantuvieron relativamente firmes papel y cartón (61,7%) y alimentos y bebidas (60,2%).

Este contraste revela un patrón cada vez más marcado en la economía: los sectores asociados a recursos naturales o energía muestran mayor dinamismo, mientras que las industrias orientadas al mercado interno atraviesan una fase de marcada debilidad.

Entre los pocos datos positivos, las industrias metálicas básicas mostraron una mejora interanual impulsada por el crecimiento del 17,2% en la producción de acero crudo, aunque este repunte aún resulta insuficiente para compensar el deterioro general del aparato industrial.

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