31 de enero de 2026

La industria advierte por la pérdida de competitividad y apunta al peso impositivo

El planteo de la UIA expone una contradicción aún no resuelta: abrir la economía sin reducir costos estructurales puede profundizar la asimetría entre la industria local y los competidores externos. En ese equilibrio delicado, la presión impositiva vuelve a ocupar el centro de la escena como una de las variables clave que definirán si la apertura se traduce en crecimiento o en mayor vulnerabilidad del entramado productivo nacional.

El sector industrial volvió a encender luces de alerta ante la creciente dificultad para competir con productos importados, en un escenario de mayor apertura comercial y sin cambios estructurales en el esquema tributario.

Desde la Unión Industrial Argentina (UIA) advirtieron que la presión impositiva continúa siendo uno de los principales factores que encarecen la producción local y condicionan tanto la exportación como la inversión.

En declaraciones a Radio Rivadavia, el empresario Mauricio Badaloni, integrante de la mesa de la UIA por la región de Cuyo, remarcó que la Argentina arrastra desde hace al menos una década niveles de presión fiscal prácticamente inalterados.

“El problema de fondo es que competimos con el mundo con una mochila impositiva que no se redujo en diez años”, señaló, al describir una estructura de costos que considera incompatible con un mercado cada vez más abierto.

Según estimaciones del propio sector, entre el 40% y el 50% de los costos de cualquier actividad productiva terminan siendo absorbidos por el Estado a través de impuestos nacionales, provinciales y municipales. Esta carga, subrayan los industriales, se traslada de manera directa a los precios finales de bienes y servicios, erosionando la competitividad frente a países con esquemas fiscales más livianos y reglas más estables.

El diagnóstico plantea una tensión central del actual modelo económico: mientras se promueve la apertura de importaciones como herramienta para bajar precios y fomentar la competencia, la estructura tributaria interna sigue operando como un freno para la producción local.

En ese marco, la falta de una reforma impositiva integral aparece como un límite concreto para el desarrollo de nuevos emprendimientos y para la expansión de las exportaciones con valor agregado.

Badaloni también se refirió al conflicto que involucró recientemente al Grupo Techint y cuestionó la participación del Gobierno en disputas comerciales entre empresas privadas. Desde su perspectiva, personalizar el debate en determinados grupos económicos desvía la atención del problema central. “La competitividad no falla por los empresarios, falla por el sistema”, sintetizó.

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