La ilusión de la recuperación laboral: el dato real es que el 84% es informal
El reciente informe sobre el mercado de trabajo en el tercer trimestre de 2025 expone una contradicción fundamental en la política económica actual.

Mientras la administración celebra un incremento en los niveles de ocupación y un descenso del desempleo al 6,6%, el análisis profundo de la calidad de esos puestos revela una realidad crítica: el 84% de la expansión laboral anual corresponde al sector informal.
Este dato transforma el supuesto éxito estadístico en un síntoma de degradación estructural, donde el crecimiento no se traduce en estabilidad ni en derechos, sino en una masiva incorporación de trabajadores a la desprotección absoluta.
La concentración geográfica de este fenómeno agrava el diagnóstico. El hecho de que el Gran Buenos Aires explique casi la totalidad de la mejora trimestral demuestra una preocupante fragilidad y una dependencia territorial extrema. Al mismo tiempo, el retroceso interanual en regiones como la Patagonia y el Noreste Argentino señala que la supuesta reactivación no es federal ni equitativa. Esta asimetría no solo profundiza las brechas históricas entre provincias, sino que consolida un modelo donde el empleo de baja calidad es la única opción de subsistencia en los centros urbanos más densos.
El descenso de la desocupación, que debería ser una noticia alentadora, se convierte bajo esta luz en un indicador engañoso. Si la salida del desempleo se realiza exclusivamente hacia la informalidad, lo que se está produciendo es una transición hacia la pobreza laboral, no hacia la integración productiva.
Un sistema que genera puestos sin seguridad social ni aportes jubilatorios debilita la base misma del Estado y condena a los nuevos ocupados a una incertidumbre constante.
El desafío no reside ya en la cantidad de personas con ocupación, sino en la capacidad del país para reconstruir un mercado de trabajo donde el empleo sea sinónimo de dignidad y progreso, y no una simple cifra de alivio coyuntural.
