Informe: 7 de cada 10 trabajadores jóvenes son informales
La cifra de que siete de cada diez jóvenes de entre 16 y 24 años se desempeñan en la informalidad no es solo un dato estadístico, sino la confirmación de un modelo de exclusión que hipoteca el futuro previsional y social del país.

El reciente informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA arroja una radiografía devastadora sobre el mercado de trabajo actual.
Mientras la tasa global de informalidad se ubica en un ya preocupante 43,3%, el salto de casi 24 puntos porcentuales en el segmento juvenil evidencia que el primer escalón laboral en Argentina carece sistemáticamente de protección legal y seguridad social.
La brecha educativa emerge como el factor determinante en esta crisis. Los datos son concluyentes: un trabajador sin secundaria completa tiene cuatro veces más probabilidades de caer en la informalidad que uno con estudios universitarios.
Esta disparidad consolida un círculo vicioso de pobreza laboral, donde el 38% de los trabajadores informales son pobres, frente a un escaso 5% en el sector formal. La educación, lejos de ser un canal de ascenso asegurado, funciona hoy como el último refugio contra la precariedad extrema, en un contexto donde el capital humano parece ser la única defensa ante la desprotección estatal.
La distribución de la informalidad a lo largo de la vida laboral describe una curva en forma de U, golpeando con fuerza tanto en el ingreso al sistema como en la etapa del retiro. Sin embargo, es en los varones jóvenes donde la desprotección alcanza su pico máximo del 67,3%.
Este escenario plantea un desafío crítico para las políticas públicas: la legislación laboral vigente y el sistema impositivo parecen haber quedado desconectados de la realidad productiva, empujando a las nuevas generaciones a empleos sin derechos que no solo afectan su presente económico, sino que anulan su capacidad de acumulación y estabilidad a largo plazo.
Comparativa de la informalidad en América Latina
Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, Argentina se encuentra hoy en un pelotón intermedio alto de informalidad, pero con una dinámica de deterioro más acelerada que vecinos como Uruguay o Chile. Mientras que en estos países la informalidad ronda el 22% y 27% respectivamente, Argentina ya supera el 43% general.
La particularidad argentina radica en la dualidad del mercado. En países con altísima informalidad estructural, como Perú o Bolivia, el fenómeno atraviesa a casi todas las capas de la sociedad de manera homogénea. En Argentina, en cambio, la informalidad está violentamente segmentada: castiga de forma desproporcionada a los jóvenes y a quienes no terminaron el secundario, creando dos países laborales que conviven bajo un mismo territorio pero con derechos totalmente opuestos.
El impacto de la inflación y la precarización
Un factor diferenciador en el caso argentino es el fenómeno de los trabajadores pobres. En gran parte de la región, tener un empleo formal garantiza salir de la línea de pobreza. Sin embargo, la crisis económica local ha provocado que incluso sectores con empleo registrado empiecen a rozar la canasta básica, mientras que para el 70% de los jóvenes informales, la pobreza es una realidad casi inevitable.
La comparativa regional muestra que los países que lograron bajar estos índices lo hicieron mediante incentivos fiscales a la primera contratación y una fuerte vinculación entre la escuela secundaria y el mercado técnico. Argentina, por el contrario, muestra una desconexión creciente: el sistema educativo no logra retener a los estudiantes y el mercado laboral no ofrece incentivos para la formalización de trabajadores con bajo capital humano.
Consecuencias para el sistema previsional
Este signo de época tiene un efecto dominó sobre el futuro. América Latina enfrenta un proceso de envejecimiento poblacional. Mientras Uruguay ha avanzado en reformas para sostener su sistema basado en una alta formalidad, Argentina enfrenta el desafío de financiar jubilaciones futuras con una base de aportantes jóvenes que, en su gran mayoría, no están realizando aportes hoy. La informalidad juvenil de hoy es la crisis previsional de mañana.
