La Dirección Nacional de Manejo del Fuego pasó a manos del ministerio de Seguridad
Mientras los incendios avanzan sin control en la Patagonia y Corrientes, el Gobierno anunció la creación de la Agencia Federal de Emergencias, un intento por centralizar la gestión de desastres en medio de una evidente falta de coordinación estatal. La medida, oficializada a través del Decreto 81/2025, también traspasa la Dirección Nacional de Manejo del Fuego al Ministerio de Seguridad, lo que genera dudas sobre la efectividad real de esta reestructuración frente a la urgencia de la situación.

Desde El Bolsón, epicentro de uno de los focos más críticos, los ministros de Defensa, Luis Petri, y de Seguridad Nacional, Patricia Bullrich, justificaron la decisión destacando la necesidad de “ordenar y unificar estructuras dispersas”. Sin embargo, detrás de las palabras oficiales, la pregunta es inevitable: ¿por qué esperar hasta el colapso para tomar medidas?
Una crisis anunciada
Los incendios forestales en Argentina no son un fenómeno nuevo. Los datos de los últimos años muestran un incremento alarmante en la frecuencia y magnitud de estos eventos, impulsados por el cambio climático y la falta de prevención adecuada. La demora en la toma de decisiones estratégicas y la superposición de funciones entre organismos fueron señaladas reiteradamente por especialistas y organismos ambientales, pero solo ahora, en plena emergencia, se decide actuar.
“Hay 12 estructuras nacionales que combaten emergencias, incendios o inundaciones, lo que genera un desorden en la acción”, reconoció Bullrich, admitiendo una descoordinación que lleva años afectando la capacidad de respuesta del Estado. Si bien la creación de la Agencia Federal de Emergencias apunta a resolver este problema, ¿por qué no se implementó antes? La emergencia actual no es producto de la casualidad, sino de años de inacción y falta de planificación.
Centralización de recursos: ¿solución o nueva burocracia?
El decreto firmado por el presidente Javier Milei, el jefe de Ministros Guillermo Francos y Bullrich, establece que el nuevo organismo estará bajo la órbita de la Subsecretaría de Apoyo Federal a Emergencias. La administración del Fondo Nacional del Manejo del Fuego seguirá temporalmente a cargo de la Jefatura de Gabinete de Ministros, lo que podría generar nuevas demoras en la asignación de recursos críticos.
“Más medios y menos estructuras”, prometió Bullrich, subrayando la importancia de la gestión vertical de recursos. No obstante, expertos advierten que una centralización excesiva podría ralentizar la respuesta en situaciones locales específicas, al concentrar el poder de decisión en una sola entidad.
Responsabilidad y consecuencias
En su discurso, Bullrich también prometió actuar con “toda la fuerza de la ley” contra quienes provocan incendios intencionales. Sin embargo, las causas estructurales de esta crisis no pueden reducirse a la acción de unos pocos individuos. La falta de inversión en prevención, recursos insuficientes y la desarticulación entre las provincias y el gobierno nacional son elementos clave que explican la magnitud de esta catástrofe ambiental.
El ministro de Defensa, Luis Petri, intentó llevar tranquilidad destacando que la nueva agencia permitirá “una respuesta rápida y en tiempo real”. Pero el desafío será demostrarlo en la práctica, cuando el fuego no espera reestructuraciones burocráticas y cada minuto perdido significa más hectáreas arrasadas.
¿Medida efectiva o parche de emergencia?
La creación de la Agencia Federal de Emergencias podría ser un paso en la dirección correcta, pero su impacto dependerá de cómo se implementen las medidas anunciadas. En un país donde las emergencias suelen abordarse con políticas reactivas y no preventivas, el riesgo es que esta nueva estructura se convierta en otro parche temporal que llegue demasiado tarde para quienes están en la primera línea de la crisis.
La situación actual es crítica. Mientras los incendios siguen avanzando y las comunidades afectadas esperan una respuesta concreta, el reloj sigue corriendo. ¿Será esta la solución definitiva o solo un nuevo capítulo en la historia de la descoordinación estatal?
