22 de mayo de 2026

La baja de la pobreza en discusión: informe denuncia distorsiones y advierte sobre errores metodológicos

La reciente difusión de los datos oficiales del INDEC sobre pobreza en Argentina generó una fuerte polémica. Según el organismo, la pobreza en el segundo semestre de 2024 cayó al 38,1 %, lo que implica una reducción de 14,8 puntos en relación con el primer semestre, cuando alcanzó el 52,9 %, el nivel más alto desde 2003. Sin embargo, un informe técnico advierte que la mejora celebrada por el Gobierno de Javier Milei puede estar inflada por distorsiones metodológicas y limitaciones en la medición.

El informe, elaborado por el Instituto de Estudios y Formación (IEF) de la CTA Autónoma y el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), pone en duda la magnitud de la baja y sugiere que la pobreza no se redujo en los términos anunciados, sino que “fue disimulada” por factores coyunturales como el pago del aguinaldo y una metodología poco actualizada.

¿Menos pobres o cifras disimuladas?

El informe sostiene que los números del INDEC no reflejan fielmente la situación socioeconómica de la población y advierte sobre efectos distorsivos en el relevamiento de los ingresos. Durante contextos de inflación extrema y ajustes económicos, como los vividos en 2024, se vuelve más difícil capturar con precisión los ingresos reales de los hogares, lo cual afecta directamente la medición de la pobreza.

Según el análisis alternativo, la pobreza en el tercer trimestre de 2024 fue del 38,3 %, pero sin el efecto aguinaldo treparía al 42 %. En el cuarto trimestre, la tasa bajó al 37,9 %, una leve mejora atribuible más a cuestiones estadísticas que a un verdadero alivio económico. En cuanto a la indigencia, el promedio semestral fue del 8,2 %, aunque también con una fuerte dispersión entre trimestres.

Además, el informe resalta que la comparación con el segundo semestre de 2023 –también marcado por el impacto inicial del plan de ajuste libertario– sobredimensiona la baja interanual, ya que parte de un piso inflado por la crisis generada por las primeras medidas del actual gobierno.

Limitaciones técnicas y canastas desactualizadas

Uno de los aspectos más críticos del documento se centra en las falencias técnicas del sistema de medición. El INDEC continúa utilizando una Canasta Básica Total basada en patrones de consumo de 2004-2005, pese a que ya existe una nueva Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo 2017-18) que refleja cambios importantes en la estructura de consumo: disminución del peso relativo de alimentos y aumento de gastos en vivienda, transporte y comunicaciones.

Esta desactualización podría estar subestimando el costo real de vida y, por ende, el umbral de pobreza, lo que deriva en un menor número de personas consideradas pobres en los registros oficiales.

A su vez, mientras el IPC de la Ciudad de Buenos Aires ya incorporó estos cambios metodológicos, el INDEC aún no lo ha hecho. Una estimación alternativa basada en el IPC porteño muestra que, si se ajustaran las canastas, la pobreza en el tercer trimestre de 2024 habría aumentado ligeramente (+1 punto porcentual) en lugar de haber caído.

Trabajadores pobres y el INDEC en la mira

Una paradoja que ilustra el deterioro del poder adquisitivo es la situación de los propios trabajadores del INDEC. Según denunció la junta interna de ATE-INDEC, gran parte del personal que participa en la elaboración de las estadísticas oficiales percibe salarios por debajo de la Canasta Básica Total, quedando ellos mismos bajo la línea de pobreza.

En su informe de febrero de 2025, ATE-INDEC calculó que un trabajador necesitó $1.693.576 para cubrir las necesidades mínimas de una familia tipo, cifra muy superior a la Canasta Básica Total oficial de ese mes, que fue de $1.057.923. Esta brecha demuestra, según los delegados, que el ajuste sigue golpeando con fuerza a los trabajadores, incluso a quienes elaboran los informes técnicos que el Gobierno toma como insumo para difundir supuestas mejoras.

Pobreza: ¿descenso real o espejismo estadístico?

El informe concluye que, si bien los datos del INDEC no son falsos, presentan una lectura parcial e incompleta de la realidad, y que sin revisar las herramientas metodológicas y actualizar las canastas utilizadas, no es posible ofrecer una imagen fidedigna del impacto social de las políticas actuales.

En otras palabras, el Gobierno puede celebrar una baja de la pobreza en los papeles, pero en la vida cotidiana, cada vez más trabajadores formales no logran cubrir sus necesidades básicas, y los sectores populares siguen en situación de emergencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *