La Anónima inicia despidos en Tierra del Fuego y crece la preocupación por un ajuste de mayor alcance
La reducción de personal en La Anónima dejó de ser una versión para convertirse en una realidad en Tierra del Fuego. Cinco trabajadores fueron despedidos en las sucursales de Río Grande y Tolhuin, mientras el Centro de Empleados de Comercio permanece en alerta ante la posibilidad de que las desvinculaciones alcancen a unos 50 empleados antes de fin de año.

El escenario expone las dificultades financieras que atraviesa la principal cadena supermercadista de la Patagonia y vuelve a poner bajo discusión el impacto de la caída del consumo y del aumento de la morosidad sobre el empleo.
Uno de los principales focos de preocupación para la compañía estaría vinculado con la Tarjeta del Mar, el sistema de crédito propio de la cadena. De acuerdo con información presentada por La Anónima ante la Comisión Nacional de Valores, en febrero de 2026 los créditos considerados incobrables alcanzaban los $19.255 millones, un salto cercano al 600% interanual.
La combinación entre menores ventas y una creciente cantidad de clientes que no pueden afrontar sus deudas habría reducido la liquidez de la empresa. En ese contexto, la reducción de costos aparece como una de las respuestas elegidas y los puestos de trabajo comienzan a quedar en el centro del ajuste.
La situación resulta particularmente significativa porque meses atrás la empresa había rechazado las versiones sobre posibles despidos y defendido la continuidad de su expansión. En mayo, La Anónima comunicó que sus operaciones se desarrollaban con normalidad, pese a reconocer una caída del 5,11% en las ventas y un fuerte incremento de las previsiones por incobrabilidad de sus tarjetas.
Entre la expansión y el recorte de trabajadores
La contradicción entre el discurso de crecimiento y el actual escenario laboral también genera interrogantes. Mientras la compañía anunciaba dificultades vinculadas con la morosidad, avanzaba en la adquisición de 12 locales de la cadena Libertad en el norte del país. Ahora, los primeros despidos en Tierra del Fuego muestran que, al menos en esa región, la estrategia parece orientarse hacia la reducción de costos y de estructura.
Desde el Centro de Empleados de Comercio de Río Grande, su secretario general, Daniel Rivarola, aseguró que el gremio intenta establecer un canal de diálogo con la empresa para evitar nuevas desvinculaciones. El dirigente señaló que los trabajadores perciben una menor actividad en los supermercados, con menos clientes y una reducción en las tareas de reposición, aunque aclaró que el sindicato todavía no recibió información oficial sobre un eventual plan de despidos.
La versión de que podrían perderse 50 puestos de trabajo encendió las alarmas porque, como advirtió Rivarola, esa cifra equivaldría prácticamente a la dotación completa de una sucursal. Por ahora, el alcance real del ajuste no está confirmado, pero los primeros despidos funcionan como una señal concreta de que las dificultades financieras ya comenzaron a trasladarse al mercado laboral.
El caso plantea una discusión que excede a La Anónima: cuando una empresa enfrenta una caída del consumo y un fuerte aumento de la morosidad, ¿quién termina pagando el costo de la crisis? La respuesta, por el momento, parece comenzar por los trabajadores, mientras la compañía intenta preservar sus cuentas en un contexto económico cada vez más restrictivo.
