La alianza incómoda: el Gobierno apura un acuerdo con Ritondo y profundiza su ruptura con los Macri
Este doble juego revela las fracturas internas en el oficialismo y la creciente puja por el control del tablero político de cara a 2025.

El entramado político entre La Libertad Avanza y el PRO se vuelve cada vez más complejo y contradictorio. Mientras en la provincia de Buenos Aires avanzan a paso firme las negociaciones con Cristian Ritondo, en la Ciudad el vínculo con Mauricio y Jorge Macri atraviesa su momento más tenso.
Las reuniones entre Sebastián Pareja —hombre de confianza de Karina Milei— y referentes amarillos como Ritondo, Diego Santilli y Guillermo Montenegro han dejado en claro que el armado bonaerense avanza hacia una convergencia pragmática. En ese escenario, los libertarios ven en Ritondo algo más que un aliado coyuntural: lo consideran el nuevo interlocutor válido del PRO, desplazando de facto a Mauricio Macri de la toma de decisiones. Sin embargo, este acercamiento genera una fuerte incomodidad dentro del viejo macrismo, que observa cómo se diluye su histórica centralidad sin que nadie le consulte.
La figura de Mauricio Macri se ha vuelto un actor incómodo tanto para el Gobierno como para su propio espacio. Su reciente encuentro con Emilio Monzó, exarmador de Cambiemos y crítico del oficialismo, fue interpretado como un gesto de advertencia: el expresidente tantea la posibilidad de rearmar un espacio de centro que dispute el liderazgo a los libertarios, quizá incluso recreando una nueva versión de Juntos por el Cambio. Pero el operativo reconstrucción carece, por ahora, de estructura sólida y parece más una jugada para presionar y negociar condiciones que una estrategia de poder real.
Lo que incomoda a Javier y Karina Milei no es el amague de Macri en sí, sino su capacidad de daño: hace apenas tres semanas, logró frenar parte de la Ley Bases cuando un puñado de diputados que le responden se abstuvieron en la votación de aumentos a jubilados. La Casa Rosada tomó nota: Macri no está fuera del juego, aunque ya no maneje la lapicera.
En la Ciudad, el enfrentamiento con Jorge Macri es más directo. El presidente le retiró el saludo y lo acusó de traidor, mientras su entorno trabaja para aislarlo políticamente. Con la victoria de Manuel Adorni sobre Silvia Lospennato en las internas porteñas, el PRO perdió el control de la Legislatura: ahora La Libertad Avanza tiene más bancas y obliga al alcalde a negociar desde una posición debilitada. La idea del oficialismo es clara: cercar a los Macri, exponer su pérdida de poder y obligarlos a «cruzar el Jordán», es decir, sumarse al proyecto libertario sin condiciones ni exigencias.
Paradójicamente, la disputa contra los Macri es lo que más une al libertarismo. Las diferencias internas sobre la estrategia en la provincia de Buenos Aires parecen disolverse ante la necesidad común de frenar cualquier intento de Mauricio Macri por recuperar protagonismo. El operativo desgaste incluye descalificaciones directas: desde el entorno de Karina Milei tildan a Monzó de «representante de la vieja política» y acusan a los Macri de actuar con desesperación.
Lo cierto es que mientras Ritondo se consolida como el nuevo rostro del PRO para el oficialismo —aunque sin el aval explícito del expresidente—, el Gobierno juega una doble partida: seduce aliados provinciales y cercena liderazgos porteños. La alianza con el PRO se transforma así en una convivencia inestable, donde los acuerdos se construyen al mismo tiempo que se dinamitan las relaciones con quienes fueron figuras clave del poder en la última década.
El cierre de listas será la prueba de fuego. Si Mauricio y Jorge Macri aceptan jugar en el esquema libertario, lo harán desde una posición subordinada. Si eligen competir por fuera, deberán enfrentar no solo al oficialismo, sino también a parte de su propio partido, que ya los empieza a considerar un lastre.
La Libertad Avanza, mientras tanto, no deja lugar a dudas: quiere aliados, no socios; necesita músculo territorial, pero no interlocutores que condicionen. En ese esquema, los Macri parecen tener cada vez menos margen. Y si no logran reinventarse, podrían ser los primeros grandes derrotados de una nueva era política que ellos mismos ayudaron a construir.
