Javier Milei rompe puentes en el Mercosur: «No le interesa” reunirse con sus pares»
En un gesto que roza el desprecio diplomático, el Gobierno argentino blanqueó lo que hasta hace poco se suponía una estrategia de bajo perfil: Javier Milei no tiene interés alguno en reunirse con sus pares del Mercosur durante la Cumbre que se desarrolla en Buenos Aires, a pesar de ser el anfitrión y de encabezar el traspaso de la presidencia pro témpore del bloque a Brasil.

La confesión salió de la propia Casa Rosada, donde una alta fuente declaró a la Agencia NA: “¿Reuniones bilaterales con los del Mercosur? No creo, no le interesa”. La frase resulta tan contundente como reveladora: el mandatario argentino parece no valorar el intercambio directo con los presidentes de la región, incluidos socios estratégicos con los que el país mantiene relaciones históricas.
La única excepción sería un eventual encuentro con el presidente paraguayo Santiago Peña, cercano ideológicamente a Milei, con quien ha mantenido una relación fluida desde su llegada al poder. Por lo demás, el libertario elige la soledad antes que el diálogo.
Este desplante hacia los mandatarios de Brasil, Chile y Bolivia no es solo una excentricidad, sino un síntoma preocupante de la lógica de la política exterior de Milei. Con el brasileño Lula da Silva la relación atraviesa una tensión constante, agudizada por la posibilidad de que el líder del PT visite a la exmandataria Cristina Kirchner para expresarle su apoyo político. Las diferencias también se profundizaron con Gabriel Boric y Luis Arce, a quienes Milei ha descalificado públicamente en más de una ocasión.
Este desprecio deliberado hacia el trabajo diplomático expone una concepción errática de la integración regional. El Mercosur, con todos sus defectos, es una herramienta clave para la Argentina, tanto en términos comerciales como políticos. Desairar a los socios regionales no solo debilita la posición del país en la mesa de negociaciones, sino que refuerza la imagen de un presidente aislado, más preocupado por marcar diferencias ideológicas que por defender los intereses estratégicos de la Nación.
La diplomacia requiere templanza y sentido práctico, no gestos de adolescente rebelde. El vacío de Milei a sus pares parece concebido como una demostración de coherencia frente a su electorado, pero el costo para el país puede ser alto: sin redes regionales, la Argentina corre el riesgo de perder mercados, apoyo político y capacidad de negociación en otros foros internacionales.
La pregunta de fondo es si Argentina puede darse el lujo de ignorar a sus vecinos en un mundo que, cada vez más, premia la cooperación regional para hacer frente a desafíos comunes. En nombre de la “libertad” y del “cambio”, Milei parece decidido a patear el tablero, pero la política exterior no es un videojuego: es un terreno donde las facturas se pagan en comercio, inversiones y oportunidades perdidas.
