Inglaterra cede control de las Islas Chagos a Mauricio pero mantiene su base militar
En un movimiento que redefine la relación entre el Reino Unido y Mauricio, Londres ha firmado un acuerdo para transferir la soberanía de las disputadas islas Chagos a la nación africana, aunque mantiene el control sobre una importante base militar en la región. Este acuerdo, considerado estratégico por las autoridades británicas, busca equilibrar la historia colonial con las necesidades de seguridad del Reino Unido y sus aliados.

El archipiélago de las islas Chagos, situado en el océano Índico, incluye la isla de Diego García, donde se encuentra una base naval y aérea de gran relevancia, utilizada por Estados Unidos para operaciones militares y de inteligencia. Según el acuerdo, el Reino Unido pagará a Mauricio 120 millones de euros anuales en concepto de arrendamiento de la base durante un período mínimo de 99 años.
El primer ministro británico, Keir Starmer, resaltó la importancia de esta base para la seguridad nacional, afirmando que «la base de Diego García es la columna vertebral de nuestra seguridad interna» y que «garantiza la lucha antiterrorista y la cooperación en inteligencia». En una ceremonia realizada cerca de Londres, Starmer expresó que este acuerdo «protegerá la operación de la base hasta bien entrado el próximo siglo, contribuyendo a mantenernos seguros durante generaciones».
No obstante, la decisión ha suscitado críticas tanto en el ámbito nacional como internacional. Los antiguos residentes de las islas, expulsados hace décadas para dar paso a la base militar, y organizaciones defensoras de sus derechos, ven con preocupación el acuerdo. La líder de la oposición, Kemi Badenoch, manifestó que «no deberíamos pagar por ceder territorio británico a Mauricio». Además, algunos críticos advierten que esta transferencia podría facilitar la injerencia de países como Rusia o China en la región.
El proceso de firma, inicialmente programado para una ceremonia virtual entre Starmer y el líder mauriciano Navin Ramgoolam, enfrentó un retraso debido a una medida cautelar solicitada por dos mujeres chagosianas, Bernadette Dugasse y Bertrice Pompe, quienes temen que la transferencia complique su posible regreso a las islas. Aunque la medida fue levantada posteriormente, las preocupaciones sobre los derechos de los residentes permanecen latentes.
El acuerdo incluye además la creación de un fondo fiduciario destinado a apoyar a los chagosianos y la posibilidad de que Mauricio facilite su reasentamiento en las islas, excluyendo Diego García. Sin embargo, organizaciones defensoras de los derechos humanos consideran que estas medidas no garantizan la recuperación de los derechos de los desplazados, quienes luchan por volver a sus hogares desde hace más de 60 años.
Históricamente, las islas Chagos han estado bajo control británico desde 1814, y en 1965 fueron separadas de Mauricio, que se independizó en 1968. La expulsión de sus habitantes en las décadas de 1960 y 1970 permitió la construcción de la base en Diego García, que ha sido clave para operaciones militares en Vietnam, Irak, Afganistán y en la vigilancia de actividades nucleares.
Mauricio ha reclamado durante años la soberanía sobre las islas, y en 2019 la Corte Internacional de Justicia dictaminó que la separación fue ilegal. Sin embargo, Londres ha justificado su decisión aduciendo la necesidad de garantizar la seguridad regional y la estabilidad de las operaciones militares.
El acuerdo fue negociado en medio de tensiones internacionales y tras cambios políticos en Mauricio. La Administración Trump, que aprobó inicialmente la operación, destacó la importancia del acuerdo para la seguridad global, mientras que Estados Unidos reafirmó su apoyo a la presencia militar en Diego García.
Con esta transferencia, el Reino Unido busca cerrar un capítulo histórico, manteniendo, no obstante, su presencia militar en la zona, un aspecto que continúa siendo prioritario para su estrategia de seguridad internacional.
