Inflación de los trabajadores: suba del 2% en julio y salarios cada vez más erosionados
El índice marcó un incremento del 2% mensual, lo que eleva el acumulado de 2025 a 16,3% y fija la variación interanual en un 36,5%.

La inflación que enfrentan los trabajadores volvió a mostrar señales de resistencia a la baja en julio, según el último relevamiento del Instituto de Estadística de los Trabajadores (IET), dependiente de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), en conjunto con el Centro para la Concertación y el Desarrollo (CCD).
El dato implica un leve aumento respecto de junio, cuando se había registrado 1,8%, y anticipa un panorama preocupante antes de que el INDEC publique el índice oficial. La presión de precios no se distribuyó de forma homogénea: las subas más marcadas se dieron en rubros vinculados al consumo cotidiano y a servicios esenciales para el esparcimiento y la movilidad. Restaurantes y hoteles encabezaron con un alza del 3,3%, seguidos por Recreación y Cultura (+3,2%), Transporte (+3%) y Alimentos y bebidas no alcohólicas (+1,9%). En contraste, Prendas de vestir y calzado retrocedieron 1,4%, un alivio relativo en un escenario donde la canasta alimentaria y los servicios continúan tensionando los bolsillos.
Para Nicolás Trotta, director ejecutivo del CCD, la situación es especialmente grave en el terreno de los alimentos: “En julio, la inflación de alimentos más que triplicó la variación de junio, pasando del 0,6% al 1,9%. Este es apenas el efecto inicial de la devaluación de julio y tendrá repercusiones en agosto”. El exministro advirtió, además, que los salarios reales siguen erosionándose, con un poder adquisitivo 5,5% inferior al de noviembre de 2023.
Fabián Amico, coordinador general del IET, profundizó en la mecánica detrás de las subas: el traslado de la devaluación a precios (“pass-through”) podría ser menor si el Gobierno frena la actualización de costos laborales, aunque eso solo se lograría a costa de la caída del salario real y de la capacidad de negociación de los trabajadores.
El panorama que se desprende del informe revela una doble trampa: por un lado, la inflación no cede en los rubros que más inciden en la vida diaria, lo que golpea de manera directa a los sectores asalariados; por otro, la estrategia de moderar precios mediante la compresión de ingresos termina debilitando la demanda interna y la posibilidad de recuperación del mercado laboral.
El riesgo es que la estabilidad buscada se consiga no por la contención de costos estructurales, sino por la resignación del consumo y la precarización del nivel de vida.
