Habló Fred Machado y confirmó que financió a Espert: «Me dijo ‘te necesito»
En un país con una larga historia de escándalos por aportes ilegales, desde los “fondos reservados” hasta los casos de “aportantes truchos”, este episodio exhibe la persistente vulnerabilidad del sistema político frente al dinero de orígenes dudosos. La contradicción entre discurso y práctica, entre moral pública y conveniencia privada, vuelve a instalarse como un problema estructural que trasciende a los nombres propios.

Federico Andrés “Fred” Machado, empresario detenido en Viedma y acusado de vínculos con el narcotráfico en Estados Unidos, rompió el silencio y reveló que financió la campaña de José Luis Espert en 2019.
En declaraciones a Radio Rivadavia, reconoció haber realizado aportes económicos que, según su versión, sirvieron para cubrir “gastos de movimiento, comida y presentaciones”.
El testimonio de Machado, más allá de los detalles técnicos sobre contratos de asesoría o cifras en cuotas, coloca nuevamente bajo la lupa la fragilidad y opacidad de los mecanismos de financiamiento político en la Argentina. El empresario aseguró que el diputado liberal le pidió ayuda con un pedido directo: “Che, ¿no me podés hacer un aporte monetario? Porque estamos en bolas”. Según relató, Espert justificó su solicitud en la debilidad de su estructura: “Te necesito, no somos muchos, somos pocos”.
Aunque Machado negó los montos millonarios que le atribuyó Juan Grabois y acotó la cifra a unos 200 mil dólares en concepto de asesoría, el trasfondo de la revelación resulta incómodo. La admisión de que un empresario señalado por la justicia estadounidense por vínculos con vuelos que transportaban droga aportó dinero a un candidato presidencial argentino pone en cuestión no solo a Espert, sino al sistema político en su conjunto, que carece de controles efectivos y transparentes sobre quién financia campañas y con qué intereses.
El contraste entre el discurso político y la práctica es evidente: Espert construyó su imagen pública sobre un relato de intransigencia frente al delito y la corrupción, con consignas de “cárcel o bala” y propuestas de endurecimiento penal. Sin embargo, según Machado, no solo aceptó ayuda económica, sino que luego lo negó públicamente a pesar de haber compartido vuelos y encuentros.
En paralelo, el empresario buscó relativizar su situación judicial en Estados Unidos, insistiendo en que su rol en Guatemala fue el de un inversor en aviación injustamente vinculado al narcotráfico por coincidencias comerciales y societarias. “Nunca me drogué en mi vida, no fumo, no tomo y en Guatemala nunca conocí a un narco”, afirmó, en un intento de desmarcarse de las acusaciones.
La admisión de Machado abre un dilema político y ético: ¿hasta qué punto es posible separar la necesidad de financiamiento electoral de la procedencia de los fondos? Y más aún, ¿qué credibilidad puede sostener un dirigente que niega vínculos comprobables y que, en su propio relato, pidió dinero en una campaña “en bolas”?
