5 de mayo de 2026

Grave injerencia: el nuevo embajador de EE. UU. en Argentina plantea controlar gobernadores y “eliminar el peronismo y la izquierda”

Las declaraciones del nuevo embajador estadounidense en Argentina, Peter Lamelas, no son solo polémicas: son una señal alarmante de la ofensiva política que Estados Unidos pretende desplegar sobre nuestro país.

Designado por Donald Trump, Lamelas afirmó abiertamente ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano que su misión incluye “trabajar para eliminar el peronismo y la izquierda”, dos pilares históricos de la democracia argentina.

Este nivel de injerencia resulta inaceptable. Que un representante extranjero, con inmunidad diplomática, declare sin tapujos la intención de borrar del mapa ideologías enteras debería provocar un rechazo unánime en todo el arco político nacional. Lo que Lamelas plantea no es cooperación: es una estrategia de dominación política que amenaza la soberanía argentina y busca condicionar el futuro electoral del país.

El embajador fue aún más lejos al asegurar que trabajará para que el oficialismo se imponga en las próximas elecciones legislativas. ¿Qué significa esto? ¿Operaciones mediáticas, financiamiento externo, presión sobre actores judiciales? Todo parece posible cuando se observa el patrón de intervenciones que Washington ya desplegó en la región, desde la persecución a Lula en Brasil hasta el lawfare contra líderes progresistas como Rafael Correa y Cristina Kirchner.

En paralelo, Lamelas habló de “reforzar la seguridad regional, la cooperación policial y el intercambio de inteligencia”. Bajo el argumento de combatir el narcotráfico, se esconden históricamente redes de control geopolítico que han servido para consolidar la dependencia militar y tecnológica de América Latina frente a Estados Unidos.

El periodista Gustavo Sylvestre lo sintetizó con crudeza: “Todo lo que ha ocurrido recientemente en la Argentina es parte de un plan de Estados Unidos”. Su análisis desnuda una verdad incómoda: no se trata de alianzas, sino de tutelaje político. El embajador lo dice sin eufemismos: hay que eliminar el peronismo y la izquierda porque son “un problema”.

Este discurso revive los peores fantasmas del intervencionismo norteamericano: golpes blandos, manipulación judicial, condicionamiento económico y ahora, abiertamente, la búsqueda de exterminar corrientes ideológicas. Una democracia no puede coexistir con proyectos que pretenden suprimir la diversidad política.

Argentina está frente a un dilema histórico: o defiende su soberanía y pluralidad o acepta convertirse en un laboratorio geopolítico al servicio de intereses ajenos. Que un diplomático extranjero hable de “grandeza sin precedentes” junto a su “amigo Javier” debería encender todas las alarmas: cuando la grandeza se escribe en inglés, el costo suele pagarlo el pueblo argentino.

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