Granja Tres Arroyos suspendió a 200 trabajadores por seis meses y profundiza su ajuste
La nueva ola de suspensiones no solo agrava el conflicto laboral, sino que también pone en duda la capacidad de recuperación de una de las principales empresas del sector.

La decisión de Granja Tres Arroyos de suspender a unos 200 trabajadores durante seis meses confirma el agravamiento de una crisis que la empresa arrastra desde hace años y que, una vez más, impacta directamente en sus empleados.
La medida, aplicada en su planta de La Lonja, combina reducción de actividad, recorte salarial y pagos en cuotas, en un esquema que refleja las dificultades para sostener el nivel productivo.
El nuevo régimen laboral implica trabajar solo tres días por semana, mientras que las jornadas no trabajadas se abonarán al 50%, lo que en términos reales representa una significativa pérdida de ingresos. A esto se suma la continuidad de los pagos fraccionados, una práctica que evidencia los problemas de liquidez de la firma y que ya se había convertido en un foco de conflicto en el último año.
Desde una perspectiva analítica, la situación actual no puede entenderse como un hecho aislado. La compañía viene atravesando un proceso de reestructuración que incluyó cierres de plantas, traslados de personal y una fuerte reducción de su plantilla. Solo en el último año, alrededor de 400 trabajadores dejaron la empresa mediante despidos y acuerdos, en el marco de un procedimiento preventivo de crisis.
Uno de los factores clave detrás del deterioro fue el impacto de la crisis sanitaria por gripe aviar en 2023, que provocó la pérdida del mercado chino, un destino estratégico para las exportaciones. Esta situación redujo significativamente los ingresos del sector y obligó a la empresa a reconfigurar su esquema operativo, aunque sin lograr revertir su fragilidad financiera.
El malestar entre los trabajadores también expone tensiones en la representación sindical, cuestionada por su falta de respuesta frente a las medidas adoptadas. Mientras tanto, solo un sector reducido de la planta mantiene su actividad normal, lo que refuerza la percepción de un proceso de ajuste selectivo.
En este contexto, el caso de Granja Tres Arroyos se convierte en un reflejo de los desafíos estructurales que enfrenta la industria avícola: dependencia de mercados externos, vulnerabilidad ante crisis sanitarias y dificultades para sostener el empleo en escenarios de caída de ingresos.
