4 de junio de 2026

Garbarino quedó a un paso de la quiebra, podría liquidar sus últimos 3 locales

El caso Garbarino se convierte así en un ejemplo paradigmático de cómo un proceso concursal puede prolongar formalmente la existencia de una firma aun cuando su operatoria real ya está virtualmente extinguida. La decisión final dependerá del juzgado, pero los márgenes para revertir la caída parecen, a esta altura, extremadamente reducidos.

La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino atraviesa su instancia más crítica y quedó al borde de la quiebra, tras fracasar el intento de atraer inversores en el marco del proceso de salvataje judicial.

En la última audiencia informativa, realizada el 24 de febrero, la empresa reconoció que no consiguió interesados en capitalizarla y que la única firma que se había inscripto en el procedimiento no presentó una oferta concreta.

El expediente tramita ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, bajo la órbita del juez Fernando D’Alessandro, quien había habilitado el mecanismo de cramdown. Esta herramienta legal permite que terceros formulen propuestas para adquirir y reestructurar la compañía cuando el deudor original no logra acordar con sus acreedores. Sin embargo, al no materializarse ninguna oferta, el proceso perdió viabilidad económica y quedó reducido a una definición estrictamente judicial.

Desde el punto de vista técnico, la situación revela algo más profundo que una crisis financiera: la empresa prácticamente dejó de operar como negocio en marcha. Según el último informe de sindicatura, en enero de 2026 las ventas totales apenas alcanzaron los 1,7 millones de pesos, no se registraron compras de mercadería y el canal de comercio electrónico permaneció inactivo. El stock disponible —unas 1.600 unidades— está compuesto mayormente por productos obsoletos o de baja rotación, lo que limita su valor de realización.

La estructura comercial también evidencia el deterioro. Solo continúan abiertos tres puntos de venta —ubicados en los barrios porteños de Belgrano, calle Uruguay y un outlet en Almagro—, con actividad mínima y funcionamiento irregular en al menos uno de ellos por atrasos salariales. La dotación actual es de 18 empleados, un número que contrasta de manera elocuente con los más de 5.000 trabajadores que llegó a emplear la compañía durante su etapa de expansión nacional.

En este contexto, el eventual cierre de los últimos locales aparece como una consecuencia probable si se decreta la quiebra. Para los acreedores, el escenario dominante es el de una liquidación ordenada de los activos remanentes, más que una continuidad empresaria.

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