Francos blinda a Martín Menem en medio de críticas internas y denuncias que desgastan al oficialismo
“Estamos muy orgullosos del trabajo que viene haciendo”, afirmó, al responder a las duras críticas del diputado disidente Carlos D’Alessandro.

El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, salió en defensa del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, en un momento de crecientes cuestionamientos que no provienen solo de la oposición sino también de las propias filas libertarias.
La intervención de Francos funcionó como un respaldo explícito a un dirigente que se ha convertido en un punto débil de la estrategia legislativa del oficialismo. D’Alessandro fue directo: vinculó el apellido Menem con “hechos de corrupción” y sugirió que, de no haber sido designado como titular de Diputados, el gobierno se habría ahorrado parte del escándalo por pedidos de coimas en la órbita de la Casa Rosada. La acusación, más allá de sus formas, expuso una grieta interna en el bloque oficialista y reavivó los cuestionamientos sobre la legitimidad de la elección de Menem para ese cargo.
La defensa de Francos buscó cerrar filas y recordar que la presidencia de la Cámara es una decisión del cuerpo legislativo, aunque admitió que cada fuerza política puede tener distintas preferencias. Con ello intentó desactivar el debate, pero terminó subrayando que la designación de Menem no fue unánime ni pacífica.
Las críticas al riojano no se reducen a los cuestionamientos personales: desde la izquierda y la Coalición Cívica lo señalan por la situación laboral de los empleados de la Cámara, a quienes acusan de estar “precarizados”. El malestar por la gestión y la sombra de las denuncias de corrupción han convertido su figura en un flanco vulnerable, que obliga al Gobierno a destinar capital político en su defensa.
En este contexto, el blindaje de Francos revela la fragilidad de la estrategia libertaria en el Congreso. Mientras Milei intenta proyectar autoridad en las calles y en las urnas, puertas adentro su gobierno debe contener disputas internas y justificar designaciones que la oposición –y parte de sus propios aliados– describen como un lastre para la imagen presidencial.
