Francisco y Milei se abrazaron y hubo un aviso, cuidado con la «gangrena de la intolerancia»
El papa y el presidente argentino estrecharon manos al término de la ceremonia de canonización de Mama Antula. Francisco habló en su homilía sobre la “lepra del alma y la insensibilidad a la compasión”. Milei, crítico del Sumo Pontífice a quien en el pasado llamara “papa comunista”, lo escuchó sentado a su derecha. Ambos mantendrán una reunión mañana lunes.

El Santo Padre y el presidente se saludaron al final de la misa en la basílica de San Pedro del Vaticano. Francisco le pidió a sus servidores que lo ayudaran a llegar hasta donde estaba el mandatario nacional y fue trasladado en una silla de ruedas por sus problemas de rodilla.
Milei, quien participó del rito de canonización, se sentó a la derecha del papa, en la primera línea y ante un reclinatorio. El encuentro propiciado por el religioso permitió que ambos se estrecharan la mano e intercambiaran algunas palabras de manera informal.
Este fue el primer encuentro, aunque “no protocolar”, después de que Milei cargara con duros términos contra Francisco durante la campaña electoral cuando lo calificó como “el representante del maligno en la tierra”, entre otros descalificativos.
No obstante el papa Francisco le restó importancia a sus ácidas palabras y cuando consiguió la victoria electoral, lo llamó personalmente para felicitarlo.
Actualmente, el ultraderechista rebajó notablemente su tono y postura a tal punto que se refirió al papa como “el argentino más importante de la historia”, y vaticinó que mañana, cuando ambos se reúnan de forma protocolar, tendrán un “diálogo muy fructífero”.
Detalles de la conversación durante saludo en la sacristía vaticana, entre el papa y el presidente, no trascendieron sino más bien la audiencia privada en el Palacio Apostólico, a puerta cerrada a partir de las 9:30 hora local.
Por su parte, el papa Francisco advirtió ante el presidente Javier Milei en su homilía de hoy acerca de la “lepra del alma” o la “insensibilidad a la compasión” y de “la gangrena de la intolerancia”.
En este sentido, el sumo pontífice llamó a “tocar” a las personas que sufren y envió un claro mensaje a quienes no lo hagan, principalmente a quienes se llaman católicos y dijo: “Tengamos cuidado, porque el diagnóstico es claro: se trata de ‘lepra del alma’; una enfermedad que nos hace insensibles al amor, a la compasión, que nos destruye por medio de las ‘gangrenas’ del egoísmo, del prejuicio, de la indiferencia y de la intolerancia”, refirió.
En su homilía recordó el pasaje en el que Jesús de Nazaret tocó y sanó a un leproso, que representa en el mundo actual a los marginados y más vulnerables de la sociedad.
“No pensemos que son solo cosas del pasado ¡Cuántas personas que sufren encontramos en las aceras de nuestras ciudades! ¡Y cuántos miedos, prejuicios e incoherencias, aun entre los que creen y se profesan cristianos, contribuyen a herirlas aún más! También en nuestro tiempo hay tanta marginación, hay barreras que derribar, ‘lepras’ que sanar”, sostuvo.
