12 de junio de 2026

Fin del CIBU: ¿Libertad económica o puerta abierta a lo obsoleto?

En nombre de la eficiencia y la libre empresa, se está redefiniendo el modelo productivo argentino. El problema es que, mientras algunos celebran las nuevas “oportunidades”, otros comienzan a contar las fábricas que podrían cerrar. Porque en economía —como en política— no hay decisiones neutrales. Y esta, más que una medida técnica, es una declaración ideológica.

En un nuevo capítulo de su cruzada desreguladora, el gobierno de Javier Milei derogó el Certificado de Importación de Bienes Usados (CIBU), un instrumento vigente desde hace más de tres décadas que limitaba el ingreso al país de maquinaria usada.

El cambio, plasmado en el Decreto 273/2025, responde no solo a la visión libertaria del Ejecutivo, sino también a una exigencia geopolítica: fue parte del paquete de condiciones que impuso la administración de Donald Trump para apoyar a Argentina en su compleja negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Desde el oficialismo, la eliminación del CIBU se presenta como una medida “liberadora”. Para sectores estratégicos como la minería, el petróleo o la industria gráfica, ahora será más simple y económico importar equipos usados sin necesidad de trámites previos ni autorización estatal. “No permitir que los trabajadores accedan a máquinas más baratas es, sencillamente, cruel”, sentenció el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, en tono triunfalista.

Pero más allá de la retórica oficial, la decisión despierta profundas tensiones. Para la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA), la medida implica una peligrosa apertura a una “competencia desleal” que podría arrasar con la industria nacional. “Se está desprotegiendo al fabricante local frente a la avalancha de maquinaria usada, muchas veces obsoleta, que encuentra en Argentina un destino final”, advierten.

Además, la eliminación del CIBU no es un hecho aislado, sino parte de una serie de desregulaciones impulsadas por el Decreto 70/2023, que prohíbe establecer barreras económicas a las importaciones. El Gobierno sostiene que esa norma habilita el libre flujo de bienes, sin distorsiones ni trabas burocráticas. Pero ¿es libertad o es abandono del desarrollo industrial?

El trasfondo es aún más complejo. Que la decisión esté vinculada al favor político de Donald Trump a cambio de apoyo ante el FMI deja en evidencia hasta qué punto la política exterior condiciona la agenda interna. La soberanía económica parece diluirse entre acuerdos geopolíticos y concesiones externas, mientras las PyMEs locales miran con preocupación el horizonte.

La maquinaria usada que llega sin controles puede ser una oportunidad para algunos sectores, sí, pero también representa un freno al desarrollo tecnológico, la innovación y la competitividad real de la industria argentina. ¿Es posible crecer importando rezagos tecnológicos del primer mundo? ¿Qué lugar queda para el incentivo a la producción local?

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