Fin de la era del home office: 83% de las empresas retomó la presencialidad de sus trabajadores
El aparente “fin” del home office no marca un cierre definitivo, sino una etapa de ajuste en la que empresas y trabajadores negocian un nuevo equilibrio. El desafío no radica solo en definir dónde se trabaja, sino en cómo se construyen condiciones sostenibles en un entorno laboral cada vez más dinámico.

A varios años del auge del trabajo remoto, las empresas en Argentina avanzan hacia un retorno sostenido a la presencialidad, redefiniendo sus estrategias laborales en un contexto atravesado por cambios tecnológicos, culturales y organizacionales.
Según distintos relevamientos, más del 80% de los trabajadores ya se desempeña de manera totalmente presencial, mientras que el teletrabajo pleno queda relegado a una minoría.
Este viraje no implica la desaparición del home office, pero sí su reconfiguración: de modelo disruptivo durante la pandemia a herramienta complementaria, cada vez más regulada y limitada. En paralelo, el esquema híbrido se consolida como una solución intermedia, aunque con menor flexibilidad que en sus inicios y bajo mayores exigencias de control por parte de las organizaciones.
Desde una perspectiva analítica, el regreso a la oficina responde a múltiples factores. Por un lado, las კომპანიas buscan recomponer dinámicas de trabajo asociadas a la cultura corporativa, la colaboración y la cohesión de equipos. Por otro, aparecen razones más estructurales, como la necesidad de justificar inversiones en infraestructura o resolver dificultades operativas que el trabajo remoto expuso, especialmente en términos de control de jornada, gestión de horas extras y coordinación interna.
Sin embargo, esta tendencia convive con una tensión creciente: mientras las empresas priorizan la presencialidad, una parte significativa de los trabajadores manifiesta preferencia por esquemas flexibles. Estudios recientes indican que el trabajo remoto continúa siendo valorado por su impacto positivo en el bienestar, la productividad percibida y la conciliación entre vida laboral y personal. A su vez, el retorno intensivo a la oficina es asociado con mayores niveles de fatiga y desgaste.
En este escenario, el avance de la inteligencia artificial introduce una nueva capa de complejidad. Aunque la mayoría de los trabajadores se siente preparada para adaptarse a estas tecnologías, persiste una brecha en la capacitación ofrecida por las კომპანიas, lo que obliga a repensar políticas de formación y desarrollo que, según los empleadores, se ven favorecidas por la interacción presencial.
El debate actual se aleja de posiciones ideológicas y se vuelve eminentemente práctico: cómo gestionar modelos híbridos sin perder eficiencia, cómo garantizar controles sin invadir la privacidad y cómo equilibrar las demandas organizacionales con las expectativas de los trabajadores. A esto se suma un dato clave: una proporción relevante del talento evalúa cambiar de empleo si se imponen esquemas rígidos de presencialidad.
