Evo Morales prepara su regreso político con una marcha hacia La Paz para inscribir su candidatura presidencial
La movilización, impulsada por sus seguidores del ala «evista» del Pacto de Unidad, se da a solo dos días del cierre del plazo para la inscripción de candidaturas presidenciales, según el calendario electoral vigente.

En medio de una compleja situación judicial y con una orden de aprehensión vigente, el expresidente boliviano Evo Morales anunció que encabezará una marcha hacia La Paz el próximo 16 de mayo, con el objetivo de registrar oficialmente su candidatura ante el Tribunal Supremo Electoral (TSE).
Desde su refugio en Lauca Ñ, en el Trópico de Cochabamba, Morales indicó que la marcha será “pacífica” y que diferentes organizaciones sociales ingresarán a la sede de gobierno desde distintos puntos del departamento, en lo que denominó como una “marcha de los cuatro suyos”. La acción busca enviar un mensaje de fuerza política y respaldo popular, pero también constituye un desafío directo al sistema judicial, que mantiene activa una orden de captura contra el exmandatario.
Una marcha con doble lectura: estrategia política y escudo social
Para los seguidores de Morales, la marcha es una expresión de legitimidad popular frente a lo que consideran una persecución política. Según declaraciones recientes en radio Kawsachun Coca, el objetivo de la movilización es claro: “inscribir la candidatura de Evo Morales el 16 de mayo”, mientras se define quién lo acompañará en la fórmula como vicepresidente.
Sin embargo, la marcha también cumple una función estratégica: permitir que Morales se acerque a La Paz arropado por una masa social que podría actuar como barrera humana para impedir su detención. La movilización no partirá desde Patacamaya o Caracollo, como ha sido habitual, sino que confluirá directamente en la capital desde los Yungas, Río Abajo, La Apacheta y el sector del lago Titicaca.
Un liderazgo atrincherado y judicialmente comprometido
Evo Morales permanece en autoaislamiento político en el Trópico de Cochabamba desde que, en octubre, se iniciara una investigación en su contra por un presunto caso de trata de personas, que derivó en una orden de aprehensión. Desde entonces, la zona se ha convertido en una zona blindada, con barricadas, controles sociales y bloqueos para impedir su detención.
En este contexto, Morales ha seguido ejerciendo su liderazgo desde la sede de las Seis Federaciones del Trópico, contando con el respaldo incondicional de las bases cocaleras y sectores del MAS que aún lo reconocen como su principal figura.
Tensión institucional en aumento
La marcha del 16 de mayo se perfila como un momento decisivo tanto para Morales como para la estabilidad política del país. Enfrenta al órgano electoral, que deberá pronunciarse sobre la validez de su postulación en un escenario de alta presión, y al Poder Judicial, que tendrá que definir si procede con su aprehensión en medio de una movilización masiva.
Analistas advierten que la iniciativa puede profundizar la fractura interna en el MAS y escalar la polarización entre el «evismo» y sectores moderados del oficialismo y la oposición. Mientras tanto, el país observa expectante si Morales logra superar el cerco judicial o si la marcha termina por tensionar aún más la ya volátil coyuntura boliviana.
