Estados Unidos desmiente ataque iraní contra el portaaviones USS Abraham Lincoln
Mientras Teherán busca proyectar capacidad ofensiva y disuasión, Washington intenta reafirmar control operativo y evitar una percepción de vulnerabilidad que pueda alterar el equilibrio estratégico en una de las zonas más sensibles del comercio energético mundial.

El gobierno de Estados Unidos rechazó de manera categórica las afirmaciones de Irán sobre un supuesto ataque con misiles balísticos contra el portaaviones USS Abraham Lincoln, en un nuevo cruce de declaraciones que eleva la tensión en la región del Golfo.
La controversia comenzó cuando la Guardia Revolucionaria de Irán aseguró haber lanzado cuatro misiles contra la nave estadounidense y advirtió que sus operaciones contra lo que denominó “enemigos agresores” habían entrado en una nueva fase.
El mensaje, difundido por medios oficiales iraníes, incluyó una retórica de escalada al señalar que tanto el mar como la tierra se convertirían en escenario de represalias.
Horas después, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) desmintió públicamente la versión iraní. A través de sus canales oficiales, afirmó que el portaaviones no fue impactado y que los misiles lanzados “ni siquiera se acercaron” a su posición. Además, sostuvo que la nave continúa operando con normalidad y desplegando aeronaves en apoyo a las misiones regionales.
El USS Abraham Lincoln, uno de los buques insignia de la Marina estadounidense con capacidad para transportar hasta 90 aeronaves, había arribado al Golfo el 25 de enero acompañado por destructores de misiles guiados. Su despliegue fue interpretado como un refuerzo estratégico en medio de las negociaciones y fricciones en torno al programa nuclear iraní.
El episodio se suma a una serie de ataques recientes con misiles y drones atribuidos a fuerzas iraníes o aliados regionales, dirigidos contra Israel y bases militares estadounidenses en Bahréin, Kuwait y Qatar.
Más allá de la veracidad de los hechos denunciados, el intercambio de acusaciones revela un escenario de guerra comunicacional en paralelo a la disputa militar.
