Espert acusa al kirchnerismo de “secuestrar” el Congreso y refuerza el discurso oficialista frente al malestar social
Estas declaraciones revelan una doble operación: victimizar al gobierno para justificar la falta de avances económicos palpables, y polarizar el escenario político para consolidar apoyos electorales.

Las declaraciones de José Luis Espert, diputado nacional y candidato de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, vuelven a poner en escena el tono confrontativo que el oficialismo eligió como estrategia política.
Al afirmar que el Congreso “ha sido secuestrado por el kirchnerismo” y que desde allí buscan “destruir el programa económico”, Espert no solo acusa a la oposición de obstruccionismo, sino que además intenta instalar la idea de que las dificultades del gobierno no provienen de sus propias políticas de ajuste, sino de una maniobra deliberada del peronismo.
Este tipo de discurso cumple varias funciones. Por un lado, coloca a la oposición como responsable de los costos sociales del programa económico, al caracterizar sus objeciones como “miserables”. Por otro, refuerza la narrativa oficial de que el sacrificio de la sociedad “vale la pena” porque alinea a la Argentina con países “prósperos”. Sin embargo, la crítica resulta endeble frente a la realidad cotidiana de millones de argentinos que padecen inflación persistente, deterioro de salarios y recortes en áreas sensibles como salud y educación.
La estrategia de Espert también apunta a blindar al gobierno de cara a las elecciones de octubre. Al advertir que votar al peronismo sería “lo peor que podemos hacer”, intenta transformar los comicios en un plebiscito sobre el rumbo económico de Milei. Sin embargo, el señalamiento ignora que el propio Presupuesto 2026 elaborado por el oficialismo no contempla una reducción real del gasto, sino un incremento a la par de la inflación, lo que relativiza su discurso de austeridad y deja al descubierto las contradicciones entre lo que se promete y lo que efectivamente se proyecta.
El problema de fondo es que al simplificar la discusión política a un choque entre “esfuerzo” y “sirenas kirchneristas”, Espert elude un debate más profundo sobre la eficacia del programa económico, los costos sociales del ajuste y la falta de resultados concretos en materia de crecimiento y mejora del bienestar. La acusación de que el Congreso está “secuestrado” no solo erosiona la institucionalidad, sino que busca condicionar la legitimidad de cualquier control o resistencia parlamentaria.
