Era con dólares: Granja Tres Arroyos propone pagar el sueldo con pollos
Mientras la empresa intenta ganar tiempo mediante el concurso preventivo y las conciliaciones obligatorias mantienen en suspenso parte de los despidos, el futuro de sus plantas y de miles de trabajadores queda atado a la capacidad de Granja Tres Arroyos para reestructurar sus pasivos y recuperar capacidad financiera.

La compañía avícola, que atraviesa un concurso preventivo y acumula un pasivo cercano a los US$351 millones, propuso entregar pollos a trabajadores de su planta de La Lonja, en Pilar, como parte de la cancelación de los salarios que mantiene pendientes. El conflicto laboral incluye unos 1.200 telegramas de despido y negociaciones con los gremios.
La crisis financiera de Granja Tres Arroyos sumó un episodio que expone con particular crudeza las dificultades que atraviesa la empresa para cumplir con sus obligaciones laborales: la compañía propuso a trabajadores de su planta de La Lonja, en Pilar, cancelar una parte de los salarios adeudados mediante la entrega de pollos.
La alternativa, difundida por Pilar a Diario, se conoció mientras la empresa intenta reordenar sus cuentas a través de un concurso preventivo de acreedores y mantiene abiertas las negociaciones con los sindicatos por el futuro de cientos de trabajadores.
Más allá de la particularidad de la propuesta, el episodio refleja la profundidad del deterioro financiero de una de las principales compañías del sector avícola. Una empresa que tradicionalmente transforma producción en ingresos monetarios se encuentra ahora ofreciendo parte de esa misma producción como mecanismo para afrontar compromisos salariales.
Un conflicto laboral que involucra a 1.200 trabajadores
La situación se agravó luego de que la compañía enviara alrededor de 1.200 telegramas de despido en distintos establecimientos de la provincia de Buenos Aires.
De ese total, unos 700 correspondieron a trabajadores de Capitán Sarmiento, 450 a Esteban Echeverría y 50 a Pilar.
En La Lonja, los despidos permanecen suspendidos como consecuencia de la intervención del Ministerio de Trabajo bonaerense, que dictó dos conciliaciones obligatorias para mantener abierta la instancia de negociación entre la empresa y los sindicatos.
La primera medida fue dictada el 4 de septiembre a pedido del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA). Su plazo vence el 25 de septiembre, aunque existe la posibilidad de extenderlo hasta el 2 de octubre.
La segunda conciliación fue dispuesta el 10 de septiembre, a partir de un pedido de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), que representa a empleados de las granjas de cría pertenecientes al grupo. En este caso, el período de conciliación finaliza el 1° de octubre y podría prolongarse hasta el 9.
Mientras las medidas permanezcan vigentes, la compañía debe retrotraer los despidos y mantener a los trabajadores en sus puestos, lo que abre un período de negociación antes de que pueda avanzar con las cesantías.
Una deuda que supera los 350 millones de dólares
El problema laboral está directamente relacionado con una situación financiera de mayor escala.
Granja Tres Arroyos enfrenta un pasivo estimado en US$350,9 millones y busca reestructurar sus obligaciones mediante un concurso preventivo de acreedores. El procedimiento contempla la negociación con los acreedores de posibles quitas, nuevos plazos y esquemas de pago.
Los registros del Banco Central también reflejan la magnitud de las dificultades. La empresa acumula 6.702 cheques rechazados por más de $114.425 millones, mientras que sus deudas bancarias superan los $41.827 millones.
La combinación de estas cifras ayuda a dimensionar el escenario que enfrenta la compañía: no se trata solamente de un conflicto puntual con sus trabajadores, sino de una crisis de liquidez y endeudamiento que repercute sobre toda su estructura productiva.
Cuando la producción se convierte en forma de pago
La propuesta de pagar parte de los salarios con pollos constituye el dato más llamativo del conflicto, pero también funciona como síntoma de un problema más profundo. Si bien la entrega de productos puede plantearse como una alternativa excepcional dentro de una negociación, no reemplaza el cumplimiento normal de las obligaciones salariales en dinero.
El episodio muestra, además, hasta qué punto la crisis financiera comienza a trasladarse directamente al vínculo laboral. Los trabajadores no solo enfrentan la amenaza de despidos, sino también demoras en el pago de sus ingresos y propuestas alternativas para compensar esas deudas.
