Entre el discurso y los números: para Milei tomar deuda es «inmoral», en su gestión ya subió casi US$59 mil millones
Mientras el discurso oficial pone el acento en la austeridad fiscal y el rechazo al endeudamiento, la evolución de los números sugiere que la estrategia económica sigue dependiendo, en buena medida, del acceso al crédito. La tensión entre narrativa y الواقع financiero se convierte, en este contexto, en uno de los ejes centrales para evaluar la sostenibilidad del modelo.

En un escenario económico marcado por la persistencia de la inflación, el deterioro del empleo y la caída del consumo, el presidente Javier Milei volvió a defender su programa económico con un mensaje contundente: calificó como “inmoral” la toma de deuda como herramienta recurrente de la política.
Sin embargo, los datos disponibles muestran una dinámica más compleja y, en varios aspectos, contradictoria con ese planteo.
Durante su exposición en la Fundación Libertad, el mandatario aseguró que su gestión logró recomponer las cuentas públicas, reducir el déficit y mejorar la relación entre deuda y producto. Incluso afirmó que el país atraviesa un proceso de desendeudamiento y que la solvencia fiscal permitirá, con el tiempo, reducir el riesgo país.
No obstante, informes recientes, como el de Consultora 1816, indican que la deuda en moneda extranjera —considerando tanto el Tesoro como el Banco Central de la República Argentina— aumentó en unos 24.800 millones de dólares desde el inicio de la actual administración. Este crecimiento se vincula principalmente con nuevos compromisos asumidos con el Fondo Monetario Internacional y otros organismos multilaterales, además de instrumentos financieros utilizados para sostener pagos previos.
El contraste se acentúa al observar la evolución del endeudamiento total. Según datos de la Secretaría de Finanzas de Argentina, el stock bruto de deuda pública alcanzó los 483.830 millones de dólares hacia fines de marzo, con un incremento significativo tanto mensual como trimestral. En términos acumulados, durante la gestión actual el aumento ronda los 58.500 millones de dólares.
El Gobierno sostiene que, al consolidar pasivos entre el Tesoro y el Banco Central, el nivel de deuda sería menor al que reflejan las cifras brutas. Sin embargo, este argumento no modifica el hecho de que el Estado continúa recurriendo a financiamiento externo e interno para afrontar vencimientos, en un esquema que, en la práctica, implica refinanciar obligaciones con nueva deuda.
En paralelo, el equipo económico liderado por Luis Caputo avanza en nuevas líneas de crédito, con respaldo de organismos como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, lo que podría ampliar aún más el stock de pasivos en el corto plazo.
