5 de julio de 2026

Empleo en rojo: la industria concentra casi toda la destrucción laboral

Detrás de este fenómeno no solo hay una caída coyuntural de la actividad, sino también señales de un cambio estructural en la matriz económica.

La dinámica del empleo en Argentina evidencia un desequilibrio cada vez más marcado: el sector industrial se consolida como el principal expulsor de puestos de trabajo, concentrando prácticamente la totalidad de las pérdidas registradas en el inicio de 2026.

Desde la asunción de Javier Milei, el empleo industrial formal acumula una pérdida cercana a los 80 mil puestos, según el relevamiento de Industriales Pymes Argentinos.

El dato más reciente refuerza la tendencia: de los más de 7.500 empleos destruidos en enero, casi todos corresponden a la industria manufacturera, lo que deja al resto de los sectores con un impacto marginal en la estadística general.

Para Daniel Rosato, titular de la entidad, el fenómeno responde a un proceso de “primarización” de la economía, en el que las actividades extractivas —como el agro, la minería o la energía— ganan terreno mientras la industria pierde peso relativo. Este corrimiento no solo redefine el perfil productivo del país, sino que también tiene consecuencias directas sobre el empleo, dado que los sectores primarios demandan menos mano de obra que la manufactura.

El deterioro no se limita al plano laboral. La caída del empleo aparece estrechamente vinculada al cierre sostenido de empresas: casi 3.000 plantas industriales dejaron de operar desde fines de 2023, reduciendo el entramado productivo y achicando las posibilidades de recuperación en el corto plazo. En paralelo, la cantidad de firmas activas continúa en descenso, consolidando un escenario de contracción.

A este cuadro se suma lo que desde el sector describen como un “efecto pinza”: mientras los costos internos en pesos aumentan, el tipo de cambio se mantiene relativamente estable, encareciendo la producción en términos internacionales. Este desajuste erosiona la competitividad frente a productos importados y profundiza la presión sobre las empresas locales.

Aunque el país exhibe superávit comercial, el dato pierde solidez al analizar su origen: más que un salto exportador, responde a la caída del consumo interno y a la retracción de la actividad.

En ese marco, el equilibrio externo convive con un deterioro del tejido industrial y del mercado laboral, configurando un escenario donde la estabilidad macroeconómica se apoya en una contracción productiva de alto costo social.

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