Enigma de la inflación: un 2,7% que no se refleja en el bolsillo de los argentinos
Aunque esta cifra representa el índice más bajo desde noviembre de 2021, la recuperación del consumo sigue siendo un desafío elusivo, especialmente para los sectores de ingresos medios y bajos, cuyos salarios siguen siendo superados por la inflación.

El reciente informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) sobre la inflación en octubre, que sitúa el aumento de precios en un 2,7%, pone de manifiesto un escenario contradictorio en Argentina.
El economista Carlos Ríos plantea un análisis inquietante sobre la situación: según su perspectiva, el país ha entrado en una depresión económica bajo las políticas del actual gobierno de Javier Milei. En este contexto, Ríos argumenta que, en lugar de un moderado 2,7%, la inflación debería ser negativa, lo que se traduciría en una reducción de precios, algo que parece distante de la realidad actual.
La crítica hacia el cálculo del INDEC se intensifica. Ríos sostiene que el índice de precios no está actualizado y que las bases de referencia se anclan en prácticas y realidades de hace 20 años. En un entorno donde los costos de servicios públicos y alquileres han aumentado considerablemente, el peso de estos gastos en el presupuesto familiar ha crecido de manera alarmante. Mientras que hace dos décadas los servicios podían representar solo el 10% de los gastos de una familia tipo, hoy esa cifra se eleva al 40% o más.
Marco Lavagna, director del INDEC, también ha reconocido públicamente que el sistema de cálculo del índice es obsoleto, admitiendo que la percepción de la inflación que tienen muchos ciudadanos se aleja de las cifras oficiales. Esta inconsistencia genera una creciente desconfianza en los datos oficiales.
Un indicador preocupante es la caída en la demanda de carne, que ha alcanzado sus niveles más bajos en 28 años, mientras que el consumo masivo ha sufrido una disminución del 16% en lo que va del año. Este fenómeno revela que, a pesar de los ajustes en los precios, los salarios reales aún no logran recuperar lo perdido tras la devaluación del peso y el consecuente estallido inflacionario.
Según Ríos, las cifras revelan que en agosto de 2024, la remuneración promedio superó a la inflación, mostrando una leve recuperación del poder adquisitivo. Sin embargo, el salario real sigue por debajo de lo registrado en el mismo mes del año anterior, lo que indica que esta recuperación no refleja la realidad de la gran mayoría de los trabajadores.
El análisis del Centro de Economía Política (CEPA) indica que, con respecto a noviembre de 2023, el poder adquisitivo permanece un 7,3% por debajo, lo que sugiere que la inflación moderada no está siendo suficiente para revertir el daño acumulado durante años de crisis económica. Adicionalmente, un estudio de la UBA resalta que el salario mínimo vital y móvil ha registrado una caída del 1,3% en octubre, acumulando una pérdida del 28% en el último año.

Lo que es aún más alarmante es que, debido a la reducción deliberada del salario mínimo por parte del gobierno actual, el SMVM se sitúa por debajo de los niveles de 2001, fecha marcada por la crisis de la convertibilidad. Para noviembre de 2024, el salario mínimo establecido en $271.571 apenas cubre el 30% de la canasta básica, reflejando que, a pesar de la aparentemente baja inflación, la realidad económica de los argentinos es desalentadora.
En un país donde la economía parece entrar en un ciclo negativo, con salarios que no logran empatar con los aumentos de precios, el optimismo por una inflación de 2,7% se presenta como un espejismo. La necesidad de reformas estructurales y un cambio profundo en las políticas económicas son imperativos para revertir la situación y garantizar que todos los argentinos tengan la posibilidad de acceder a una calidad de vida digna.
