El Senado enfrenta una pulseada clave por los ATN y Milei busca rearmar su estrategia
El desenlace de la votación en el Senado será, por lo tanto, un test no solo económico, sino también de gobernabilidad.

La tensión política vuelve a concentrarse en el Congreso. Tras el rechazo en Diputados de los vetos presidenciales a las leyes de financiamiento universitario y emergencia pediátrica, el Senado se dispone a tratar el veto de Javier Milei a la ley que garantiza el envío automático de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) a las provincias y a la Ciudad de Buenos Aires.
El debate previsto para este jueves no solo pone en juego fondos federales contemplados históricamente en la Coparticipación para atender emergencias y desequilibrios fiscales, sino que también mide la capacidad del oficialismo de sostenerse frente a una oposición que, hasta ahora, ha logrado sumar mayorías amplias. Para insistir con la norma y rechazar el veto, serán necesarios 48 votos, lo que obliga a un consenso opositor sólido.
El escenario se complejiza porque la ley ya había reunido apoyos contundentes en ambas cámaras antes del veto, lo que revela que la decisión presidencial no respondió a un aislamiento parlamentario menor, sino a un choque frontal con el federalismo fiscal.
El Gobierno plantea que la medida es necesaria para preservar el equilibrio presupuestario, mientras que los gobernadores y gran parte del Congreso ven en el veto un ataque directo a las finanzas provinciales.
En paralelo, Milei reunió de urgencia a su gabinete en Casa Rosada, luego de regresar de Paraguay, para definir una respuesta política tras los tropiezos legislativos. La convocatoria anticipa anuncios oficiales y busca transmitir fortaleza en un momento donde el Ejecutivo aparece debilitado frente a un Congreso que empieza a marcar límites.
El trasfondo de la disputa no se reduce a una cuestión técnica de transferencias: es una pulseada por el poder y la capacidad de decisión en el esquema institucional argentino. Cada rechazo parlamentario a los vetos presidenciales erosiona el margen de maniobra de Milei y expone su dificultad para construir acuerdos, mientras apuesta a la confrontación como principal herramienta política.
