El sacerdote de San Cayetano advierte: “Lo que padecen los jubilados es un genocidio”
Sus palabras no solo son un grito de denuncia, sino que reflejan un profundo malestar social que, en los últimos meses, se ha agudizado por el ajuste, la inflación y la creciente pérdida de derechos básicos.

En la antesala de la tradicional peregrinación a Liniers por el día de San Cayetano, el sacerdote Carlos Moia, párroco del santuario porteño, lanzó duras críticas al actual rumbo económico y social del país, calificando la situación que atraviesan los jubilados como “un genocidio”.
“Me quedé impresionado este sábado cuando una señora me pidió que bendijera la foto de su madre porque se murió, porque no le dieron el remedio contra el cáncer. Eso es inmoral”, relató Moia en declaraciones radiales. Ese testimonio, que parece extremo, no es aislado: es el rostro humano de una crisis que se mide en vidas y no solo en estadísticas. “A un jubilado que no puede tomar los remedios se le van achicando los días de vida”, agregó, aludiendo a la falta de acceso a medicamentos por la caída del poder adquisitivo y la reducción en coberturas de salud.
Un diagnóstico moral y económico
El sacerdote no se limitó a describir la situación: apuntó contra el modelo económico vigente, señalando que “no puede ser que un país esté manejado por negocios financieros, porque eso es inmoral, no es ético”. La crítica resuena con fuerza en medio de un escenario en el que la especulación y la concentración del capital parecen imponerse sobre la economía productiva.
“No puede haber ningún plan económico basado en despidos y en crear inseguridad a la gente”, citó Moia del reciente documento del Episcopado argentino, dejando claro que el mensaje de la Iglesia busca interpelar al poder político y económico.
El concepto de “genocidio” utilizado por Moia no es casual ni exagerado desde su perspectiva. Si bien no se refiere a un exterminio planificado en términos bélicos, sí alude a una violencia estructural: políticas que, de manera indirecta, condenan a muerte anticipada a los sectores más vulnerables al privarlos de condiciones mínimas para la subsistencia. “Son gritos y pecados contra el cielo”, remarcó, responsabilizando a quienes diseñan medidas que, bajo la lógica del ajuste, terminan erosionando la dignidad humana.
Un termómetro social: el santuario y el comedor
Las palabras del párroco se sustentan en datos concretos: la concurrencia al comedor popular de la parroquia se duplicó en los últimos meses, alcanzando entre 600 y 700 personas por día. Este aumento refleja el deterioro de los ingresos, la pérdida de empleo y la creciente informalidad que golpea tanto a jubilados como a familias jóvenes. “La gente está sufriendo mucho”, lamentó Moia, quien subrayó que la Iglesia debe “mirar esta realidad” si quiere ser coherente con el Evangelio.
En paralelo, el sacerdote advirtió sobre otro problema estructural: la falta de oportunidades para los jóvenes. “No pueden acceder a una vivienda, no pueden pagar los alquileres, y se tienen que ir a vivir con los padres”, dijo, evidenciando que la crisis afecta transversalmente a todas las generaciones.
San Cayetano, símbolo de resistencia
Cada 7 de agosto, miles de fieles peregrinan al santuario de Liniers para pedir por “paz, pan y trabajo”, una consigna que se resignifica en contextos de emergencia social. Moia confirmó que las puertas del templo se abrirán a la medianoche y permanecerán abiertas hasta que pase el último peregrino, con misas cada hora. La celebración se extenderá hasta la madrugada del viernes, en un clima donde la fe se mezcla con la protesta silenciosa frente a la adversidad.
En su mensaje, el sacerdote dejó una advertencia que trasciende el plano religioso: “No puede haber ningún plan económico que esté basado en los despidos o en crear inseguridad”. Su diagnóstico interpela a la política, la economía y la sociedad en su conjunto, planteando una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto se puede sostener un modelo que sacrifica a los más vulnerables en nombre de la estabilidad financiera?
