El Gobierno extiende la baja de retenciones para trigo y cebada hasta 2026: un alivio sectorial sin incluir a la soja
En un nuevo gesto hacia el campo, el Gobierno de Javier Milei anunció la extensión de la rebaja temporal de retenciones a las exportaciones de trigo y cebada hasta el 31 de mayo de 2026.

La medida fue comunicada por el ministro de Economía, Luis Caputo, a través de la red social X, donde destacó que el objetivo es acompañar la próxima cosecha fina e incentivar el ingreso de divisas. Sin embargo, la decisión excluye a los productos estrella del agro argentino, como la soja y sus derivados, lo que deja en evidencia un enfoque selectivo que prioriza el corto plazo.
“El Gobierno nacional decidió extender la baja temporal de retenciones para el trigo y la cebada”, publicó Caputo, recordando que la reducción aplicada a fines de enero tenía vencimiento en junio de 2024. Con esta prórroga, la administración libertaria busca estimular la siembra de estos cultivos que ya comenzó en diversas regiones del país, en un contexto de caída general de la actividad agrícola por efecto de la sequía acumulada y los vaivenes macroeconómicos.
Desde el Ministerio de Economía estiman que las exportaciones de trigo y cebada podrían generar ingresos por unos 4.000 millones de dólares, una cifra que representa alrededor del 5% del total exportador argentino. La intención del equipo económico es clara: promover rápidamente el ingreso de divisas, una de las principales obsesiones del gobierno para sostener el programa de estabilización y evitar una nueva crisis cambiaria.
No obstante, la decisión dejó fuera de la extensión a cultivos clave como la soja, el maíz, el girasol y el sorgo, así como a todos sus subproductos industriales. En estos casos, el régimen vigente —que implicaba también una baja temporal de las retenciones— vencerá el próximo 1° de julio, momento en que los derechos de exportación volverán a los niveles previos a enero.
Esta diferenciación en el trato fiscal al agro genera tensiones en un sector que ha sido tradicionalmente crítico del peso impositivo sobre sus exportaciones, pero que encontró en el gobierno de Milei un aliado discursivo. Ahora, muchos productores comienzan a preguntarse si las promesas de libre comercio y baja de impuestos aplicarán realmente a todos por igual o si el Gobierno priorizará sectores según sus urgencias fiscales y cambiarias.
La medida también puede leerse como una señal hacia los exportadores de cereales que operan con mayor agilidad en el mercado, frente a un complejo sojero que, aunque más rentable y tecnificado, tiene un impacto más dilatado en el tiempo para la generación de divisas.
Con esta política, Milei intenta mantener el respaldo de una parte clave de su base de apoyo, especialmente en la región pampeana, sin comprometer la recaudación futura ni desarmar de golpe los mecanismos fiscales heredados. Sin embargo, el resultado dependerá no sólo de la respuesta de los productores a esta señal de incentivo, sino también de factores climáticos y de la evolución del contexto internacional.
