El gobierno de Javier Milei habilitó la presencia de tropas de Estados Unidos en el país
La discusión, lejos de ser meramente técnica, remite a definiciones de fondo sobre la orientación de la política exterior y de defensa del país.

La decisión del gobierno argentino de autorizar el ingreso de fuerzas militares de Estados Unidos para participar en ejercicios conjuntos marca un paso significativo en la política de defensa exterior, pero también abre interrogantes sobre el alcance de este alineamiento estratégico.
Formalizada mediante decreto, la medida se presenta como un intento de fortalecer la cooperación bilateral en materia de seguridad, aunque no está exenta de lecturas críticas.
Los ejercicios “Daga Atlántica” y “PASSEX” constituyen el núcleo de esta iniciativa. El primero, de carácter integral, se desarrollará durante varias semanas en distintas bases del país, incluyendo instalaciones clave como Base Naval Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada Aérea. En paralelo, el ejercicio naval “PASSEX” se concentrará en la Zona Económica Exclusiva, incorporando activos de alto poder militar como el portaaviones USS Nimitz y el destructor USS Gridley.
Desde el oficialismo, la iniciativa se justifica en términos de “interoperabilidad” y cooperación internacional. Sin embargo, este tipo de despliegues suele implicar algo más que entrenamiento técnico: consolidan vínculos geopolíticos y redefinen posicionamientos en el tablero global. En este caso, la medida refuerza la cercanía con Washington en un contexto internacional atravesado por tensiones crecientes.
El antecedente inmediato —la postergación de estos ejercicios debido a conflictos en Medio Oriente— subraya además la dependencia de agendas externas en la planificación local. La reprogramación evidencia cómo dinámicas globales pueden incidir directamente en decisiones de política de defensa nacional.
En este marco, la autorización del ingreso de tropas extranjeras puede interpretarse como una señal de apertura y cooperación, pero también como un gesto de alineamiento que reaviva debates históricos sobre soberanía, autonomía estratégica y el rol de Argentina en el escenario internacional.
