4 de octubre de 2026

El FMI vuelve a auditar a Milei mientras la economía exhibe sus costos: pobreza, industria y salarios bajo presión

La discusión vuelve a exceder el tradicional contrapunto entre déficit, reservas e inflación. El verdadero desafío será demostrar que el ordenamiento macroeconómico puede sostenerse sin profundizar los costos sociales y productivos que todavía aparecen como una de las principales zonas de tensión del programa.

El Gobierno de Javier Milei enfrenta una nueva instancia de evaluación del Fondo Monetario Internacional (FMI) en un momento en el que los principales indicadores sociales y productivos introducen interrogantes sobre los efectos concretos del programa económico.

La misión del organismo continúa en Buenos Aires con la tercera revisión del acuerdo, prevista dentro del cronograma del programa vigente.

La revisión adquiere particular relevancia porque, mientras el Gobierno y el propio Fondo destacan los avances en materia de estabilización, reducción de la inflación y disciplina fiscal, sobre la economía real persisten señales de deterioro que obligan a mirar el programa más allá de sus variables financieras.

Durante la permanencia de los técnicos del organismo se conocieron datos vinculados con pobreza, actividad industrial y poder adquisitivo, indicadores que ponen en discusión cuánto del esfuerzo realizado para alcanzar el equilibrio macroeconómico está siendo absorbido por los hogares y el aparato productivo.

El FMI ha reconocido avances en la reducción de la inflación y en el ordenamiento fiscal, pero también advierte que persisten vulnerabilidades. En su evaluación sobre Argentina, el organismo señaló que los niveles de reservas continúan siendo reducidos, que la posición externa sigue siendo frágil y que el crecimiento y el mercado laboral enfrentan dificultades. También planteó la necesidad de compatibilizar la desinflación con crecimiento y sostenibilidad externa.

En ese marco, los técnicos del Fondo mantuvieron contacto con el ministro de Economía, Luis Caputo, luego de su regreso al país tras acompañar al presidente Milei en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La revisión contempla el cumplimiento de las metas acordadas y, de resultar aprobada por las instancias correspondientes del organismo, permitiría un nuevo desembolso de fondos. El procedimiento establece que primero el staff técnico debe elaborar su informe y posteriormente el Directorio Ejecutivo del FMI debe considerar la evaluación.

Pero el punto central de la discusión vuelve a estar en las reservas y el régimen cambiario. El propio FMI ha señalado que la acumulación de reservas constituye uno de los desafíos pendientes del programa y que la posición externa argentina continúa expuesta a riesgos.

Entre las metas financieras y la economía cotidiana

La revisión vuelve a poner sobre la mesa una tensión que atraviesa todo el programa económico: la mejora de determinados indicadores macroeconómicos no necesariamente implica una recuperación inmediata de las condiciones de vida.

El Gobierno puede exhibir como resultados la reducción de la inflación y el equilibrio fiscal, dos objetivos centrales del programa respaldado por el FMI. El propio organismo reconoce esos avances. Pero, al mismo tiempo, su documentación advierte sobre un mercado laboral todavía débil, dificultades para recomponer las reservas y la necesidad de proteger a los sectores más vulnerables frente a los costos del ajuste.

De allí que esta nueva revisión no sea solamente una auditoría de números. También funciona como una fotografía de las tensiones acumuladas por el modelo: estabilizar las cuentas públicas, recomponer reservas y reducir la inflación mientras se intenta evitar que el costo del proceso recaiga de manera persistente sobre salarios, empleo, producción y consumo.

El resultado de la misión será determinante para conocer si el Gobierno cumplió las metas establecidas y si el FMI considera que el programa mantiene su rumbo. Pero incluso una eventual aprobación del organismo no resolvería por sí misma el interrogante más relevante para la sociedad: cuánto tiempo deberá transcurrir para que la estabilización macroeconómica se traduzca en una mejora sostenida de los ingresos y de la actividad productiva.

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