El empleo registrado profundiza su deterioro: doce meses consecutivos de caída y es la peor en 15 años
El empleo privado registrado atraviesa uno de sus períodos de mayor debilidad de los últimos años. En mayo se cumplió un año completo de retroceso ininterrumpido, una situación que no se registraba desde 2009. Entre mayo de 2025 y mayo de 2026 desaparecieron 135.400 puestos de trabajo formales, según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).

El dato no representa la mayor destrucción de empleo registrada en un período de doce meses, pero sí revela un aspecto particularmente preocupante: la persistencia. Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), titulado ¿Qué decimos sobre economía?, compara distintos ciclos de contracción y concluye que el actual período se caracteriza principalmente por su extensión.
El antecedente más cercano también se produjo durante la gestión de Javier Milei. Entre septiembre de 2023 y julio de 2024 se habían perdido unos 158.200 empleos privados registrados, una caída más pronunciada en cantidad de puestos, aunque concentrada en un período diferente. La diferencia entre ambos episodios no modifica, sin embargo, la tendencia de fondo: el empleo formal continúa sin recuperar una trayectoria sostenida de crecimiento.
La preocupación adquiere mayor relevancia porque el trabajo registrado en el sector privado concentra algunas de las principales condiciones de protección laboral: estabilidad relativa, negociación colectiva, aportes previsionales y cobertura social. Mientras ese universo se reduce, las modalidades que muestran crecimiento son aquellas asociadas a una mayor autonomía y, en muchos casos, a ingresos más inestables.
Durante la actual administración, el monotributo incorporó alrededor de 160.600 contribuyentes, mientras que el empleo autónomo sumó apenas 1.200. Para el IAG, este desplazamiento puede interpretarse como una transformación de la estructura laboral: puestos asalariados formales que se pierden no necesariamente se traducen en desempleo abierto, sino también en trabajadores que deben generar ingresos por cuenta propia.
Más trabajos para compensar salarios que no alcanzan
El deterioro laboral también se refleja en la expansión del pluriempleo. La necesidad de combinar dos o más ocupaciones aparece como una estrategia para compensar ingresos insuficientes, particularmente en un escenario atravesado por aumentos de tarifas y del costo de vida.
La discusión salarial forma parte central de este escenario. Mientras el Gobierno sostiene que no existe una caída significativa de los salarios ni un aumento del desempleo, los indicadores laborales muestran una realidad más compleja: aun cuando una persona conserve alguna fuente de ingreso, puede necesitar sumar otra actividad para mantener su nivel de consumo.
La situación tampoco es exclusiva del actual Gobierno. El mercado laboral argentino viene atravesando períodos de deterioro bajo administraciones de distinto signo político. Durante la gestión de Alberto Fernández, entre marzo de 2019 y enero de 2020, se perdieron unos 143.400 puestos privados registrados, en un contexto posteriormente condicionado por la pandemia y por medidas extraordinarias destinadas a preservar el empleo.
Durante los últimos años del gobierno de Mauricio Macri también se produjo una contracción: entre mayo de 2018 y enero de 2019 se destruyeron aproximadamente 130.400 puestos registrados. Otro retroceso se verificó entre julio de 2015 y noviembre de 2016, cuando desaparecieron unos 83.900 empleos, en un escenario marcado por despidos, apertura comercial y una mayor presión de las importaciones sobre sectores de la producción local.
Un problema que trasciende a un solo gobierno
La comparación histórica permite evitar una lectura simplista. La fragilidad del empleo formal no comenzó con la actual administración y atraviesa diferentes modelos económicos. Sin embargo, el período reciente presenta una característica que merece especial atención: la caída se prolongó durante doce meses consecutivos.
El problema, entonces, no se limita a contabilizar cuántos puestos se perdieron, sino a observar qué tipo de empleo está desapareciendo y qué alternativas surgen en su lugar. Si el trabajo asalariado registrado retrocede mientras crecen el monotributo, el cuentapropismo y el pluriempleo, el mercado laboral puede estar absorbiendo parte del ajuste mediante una mayor precarización.
Con una actividad industrial debilitada y un consumo interno que continúa bajo presión, el empleo vuelve a convertirse en uno de los principales indicadores para medir el costo social de la política económica. La persistencia de la caída plantea así una pregunta incómoda para el Gobierno: si la economía está logrando estabilizar algunas variables macroeconómicas, ¿cuándo esa mejora comenzará a traducirse en más empleo formal y mejores ingresos para los trabajadores?
