El desempleo se vuelve más persistente: tres de cada diez desocupados llevan más de un año buscando trabajo
El deterioro del mercado laboral argentino no puede medirse únicamente con la tasa de desocupación. Un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), elaborado a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), advierte que detrás del 7,8% de desempleo registrado por el INDEC en el primer trimestre de 2026 existe una crisis mucho más extensa: el 23,7% de la Población Económicamente Activa (PEA) ejerce algún tipo de presión efectiva sobre el mercado de trabajo y el 44,2% de los ocupados se desempeña en la informalidad.

El dato más inquietante es que tres de cada diez personas sin empleo llevan más de un año intentando conseguirlo, una señal de que el problema ya no es solamente coyuntural, sino que adquiere características estructurales.
La medición tradicional de desempleo deja afuera a una parte considerable de quienes necesitan mejorar su situación laboral. Según el IPyPP, la subutilización de la fuerza de trabajo —que incluye desempleados y subocupados— alcanza al 19% de la PEA. Si se incorporan quienes ya tienen un empleo pero buscan activamente otro, la presión sobre el mercado asciende al 23,7%.
Y si además se contempla a quienes desean trabajar más horas, aunque no estén buscando activamente otra ocupación, la disponibilidad potencial de trabajadores llega al 29,4%.
El cuadro se completa con una informalidad que alcanza al 44,2% de los ocupados. Entre los trabajadores por cuenta propia, la proporción llega al 65%, mientras que entre los asalariados alcanza al 37,9%. La precariedad es todavía mayor entre los jóvenes: el 64% trabaja de manera informal. El tamaño de los establecimientos también marca una diferencia decisiva: en unidades de hasta cinco trabajadores, la informalidad llega al 66%, mientras que en las grandes empresas se reduce al 13%.
Mujeres y jóvenes enfrentan las mayores dificultades
Las desigualdades laborales también muestran un fuerte componente de género y edad. La tasa de empleo es del 50,8% entre los varones y apenas del 39,1% entre las mujeres. La subutilización laboral alcanza al 21,5% entre ellas, frente al 16,9% entre los hombres. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, el desempleo trepa al 19,5%, más del doble del promedio general.
A la dificultad para acceder a un empleo se suma la insuficiencia de los ingresos. El ingreso laboral promedio fue estimado en $1.076.056 mensuales, pero los trabajadores por cuenta propia percibieron en promedio $524.000 y los asalariados informales, $700.000. En consecuencia, tener un empleo tampoco garantiza alcanzar ingresos suficientes: el 10,4% de los ocupados ya tiene dos o más trabajos, proporción que aumenta al 13,7% entre las mujeres.
El conjunto de estos indicadores muestra un mercado laboral cada vez más fragmentado, donde desempleo prolongado, informalidad, bajos salarios y pluriempleo se retroalimentan.
El dato de los tres de cada diez desocupados que llevan más de un año buscando empleo es especialmente relevante porque evidencia el riesgo de que la exclusión laboral se vuelva permanente.
En este escenario, reducir la discusión a la tasa de desempleo implica ocultar una parte sustancial del problema: la cuestión central ya no es únicamente cuántas personas tienen trabajo, sino cuántas pueden vivir dignamente de él, con estabilidad, ingresos suficientes y derechos laborales.
