15 de mayo de 2026

El crédito como salvavidas: más hogares argentinos dependen de las tarjetas para llegar a fin de mes

El endeudamiento ya no aparece como una excepción, sino como un síntoma estructural de una economía donde los ingresos reales no alcanzan y el crédito reemplaza al salario como motor del consumo.

El endeudamiento familiar en la Argentina se profundiza y consolida una nueva normalidad financiera: el uso de las tarjetas de crédito como principal herramienta para sostener el consumo.

En un contexto de salarios rezagados frente a la inflación, los hogares recurren cada vez más al financiamiento, aun cuando el costo de endeudarse sigue siendo alto y erosiona la capacidad de pago.

Según un informe de First Capital Group, basado en datos del Banco Central, el saldo total financiado con tarjetas en pesos alcanzó en octubre los $21,9 billones. En términos nominales, eso representa un aumento mensual del 1,3% y un salto del 63,4% interanual. Sin embargo, descontada la inflación, el crecimiento real fue más acotado: una baja mensual del 1,2% y una suba del 24,2% interanual. Es decir, el crédito crece, pero lo hace más por necesidad que por expansión real del consumo.

El Banco Central confirmó esta tendencia al señalar que, por primera vez, las operaciones con tarjetas de crédito superaron a las de débito. En agosto se realizaron 180,4 millones de transacciones con crédito —por un total de $9,4 billones— frente a 178 millones con débito por $4,7 billones. Hace apenas dos años, las tarjetas de crédito representaban el 13,3% del total de operaciones; hoy concentran el 46,2%, una transformación estructural en los hábitos de pago.

El último Informe de Inclusión Financiera del BCRA aporta una cifra que dimensiona el fenómeno: 14,6 millones de personas tienen deudas activas con tarjetas, un 4% más que en el primer semestre. Esto equivale a casi el 40% de la población adulta, lo que muestra hasta qué punto el financiamiento se volvió parte de la economía doméstica cotidiana.

Aunque el Gobierno comenzó a reducir las tasas de interés tras las elecciones, el alivio todavía no se siente en los bolsillos. Las compras en cuotas siguen sujetas a costos elevados: en Banco Macro, por ejemplo, la tasa nominal anual es del 105,3%, con un costo financiero total del 127,4% anual, y los intereses punitorios alcanzan una TNA del 52,6%.

La dependencia creciente del crédito refleja un doble movimiento: por un lado, las familias usan las tarjetas para compensar la pérdida de poder adquisitivo; por otro, esa misma dependencia genera una espiral de endeudamiento que limita su capacidad de consumo futuro. En ese equilibrio precario, las tarjetas se convierten en el puente que permite llegar a fin de mes, pero también en la trampa que atrapa a los hogares en un ciclo de deuda continua.

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