12 de junio de 2026

El consumo masivo sigue en caída: bajó un 5,4% interanual en marzo

La recuperación que pregona el oficialismo parece más un fenómeno de estadísticas que de experiencia concreta. Porque si la economía crece, pero el consumo cae, la pregunta es inevitable: ¿Quién se está quedando con el crecimiento?

Mientras el Gobierno celebra indicadores macroeconómicos positivos y una supuesta recuperación de la actividad, los números del consumo masivo siguen diciendo lo contrario: la realidad cotidiana de los argentinos se contrae, y cada vez más.

Según el relevamiento de la consultora Scentia, en marzo el consumo masivo cayó un 5,4% interanual y acumula un desplome del 8,6% en el primer trimestre de 2025. Es el décimosexto mes consecutivo de caída.

La paradoja es clara: mientras el país muestra signos de mejora a nivel macro, los hogares ajustan su presupuesto y recortan en lo cotidiano. Se trata de una recuperación “sin gente”, donde los beneficios parecen encapsulados en sectores financieros y exportadores, mientras que el consumo interno —motor histórico de la economía argentina— sigue apagado.

La caída no distingue entre productos, aunque golpea con más fuerza a todo lo que no es de primera necesidad. Las bebidas con alcohol se hundieron un 18%, las sin alcohol un 16%, los productos “impulsivos” (como golosinas o snacks), un 15,6%. Incluso ítems ligados a la higiene, la limpieza y el desayuno —de consumo casi rutinario— marcaron descensos. Solo algunos segmentos básicos, como alimentos y perecederos, lograron pequeños repuntes de entre el 0,5% y 1,2%. Una señal clara de que el consumo se restringe a lo indispensable.

Lo llamativo es que esta caída se da a pesar de una inflación más contenida que meses anteriores. En marzo, el IPC marcó un 3,7%, un número relativamente bajo para los estándares argentinos, pero aún así insuficiente para recuperar poder adquisitivo. La división de alimentos aumentó un 5,9%, con alzas especialmente fuertes en carnes y verduras. La educación, por efecto estacional, trepó un 21,6%. El salario, mientras tanto, sigue corriendo por detrás.

El cambio de estructura del gasto en los hogares —cada vez más volcado a servicios esenciales como vivienda, energía y transporte— deja menos margen para productos de consumo diario. A esto se suma el temor al futuro económico: la reciente salida del cepo cambiario, con una banda que habilita una suba del dólar oficial de hasta un 30%, ya comenzó a trasladarse a las góndolas. Supermercados y almacenes reciben listas con aumentos de hasta el 9%, y las proyecciones de inflación para abril oscilan entre el 5% y el 5,5%.

Bancos internacionales como JP Morgan y Morgan Stanley ya alertaron por nuevas presiones inflacionarias derivadas del nuevo régimen cambiario, aprobado por exigencia del FMI, a cambio de un desembolso de USD 20.000 millones. Es decir: el ancla cambiaria que sostenía parte de la baja de precios ha sido liberada, y las consecuencias empiezan a sentirse.

En este escenario, el director de Focus Market, Damián Di Pace, fue claro: “El techo del precio lo pone el piso del salario”. Y ese piso, hoy por hoy, sigue en descenso. Lejos de un consumo sostenido o una expansión genuina del mercado interno, lo que se ve es una economía que privilegia el reacomodamiento financiero, la apertura externa y el crédito para bienes durables, mientras los ingresos reales siguen cayendo.

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