El accidente nuestro de cada día, manejar por las calles de Santiago es un peligro
Un nuevo siniestro vial volvió a poner en evidencia una problemática que en Santiago del Estero dejó de ser excepción para convertirse en rutina. Esta mañana, en la intersección de calles Lavalle y avenida Colón, una motocicleta que habría cruzado el semáforo en rojo fue embestida por un Renault 9. El conductor del rodado menor, un hombre adulto, resultó herido y debió ser trasladado por el servicio de emergencias 107.

El hecho, lejos de ser aislado, refleja una dinámica cotidiana en la capital provincial: la transgresión sistemática de las normas de tránsito y la naturalización del riesgo.
Según relatan vecinos y transeúntes, la imprudencia en los cruces semaforizados es constante, especialmente por parte de motociclistas, aunque no exclusivamente. Autos, camionetas, camiones e incluso —aunque con menor frecuencia— unidades de transporte público también incurren en infracciones.
La cultura de la infracción
Pese a las reiteradas campañas de concientización impulsadas por el Gobierno provincial y los municipios, el impacto en la conducta vial parece limitado. La repetición diaria de accidentes similares expone una falla estructural: la educación vial no logra traducirse en prácticas sostenidas, y el respeto por la norma continúa siendo relativo y circunstancial.
Los operativos sorpresa de la Policía de la Provincia y los controles municipales, que derivan en el secuestro de motovehículos irregulares, forman parte de la estrategia oficial. Sin embargo, estos procedimientos suelen generar más enojo que reflexión entre los conductores sancionados. La multa se percibe como castigo económico antes que como consecuencia de una conducta riesgosa.
Conducir a la defensiva: una obligación no escrita
Una escena cada vez más frecuente en las calles santiagueñas es la de automovilistas que, aun con luz verde, reducen la velocidad antes de cruzar una esquina. No se trata de cortesía, sino de supervivencia. La desconfianza reemplazó a la certeza que debería otorgar un semáforo.
Vecinos señalan que, en determinadas arterias, al menos cinco motocicletas por jornada cruzan con el semáforo en rojo. La excepción parece ser la avenida Avenida Belgrano, donde la presencia constante de agentes de tránsito y efectivos policiales actúa como elemento disuasivo.
El problema, entonces, no es únicamente la falta de normas ni de controles, sino la intermitencia en su aplicación y, sobre todo, la ausencia de una cultura de respeto sostenido. Cuando frenar en verde se convierte en regla tácita, el mensaje es claro: el sistema vial funciona más por prevención individual que por cumplimiento colectivo.
Mientras tanto, el “accidente nuestro de cada día” continúa sumando heridos y consolidando una peligrosa normalidad en las calles de la capital santiagueña.
