Efecto Milei en CABA: el desempleo alcanza a 132.000 personas y la desigualdad laboral se profundiza
El fenómeno revela un deterioro sostenido del mercado laboral, que golpea con mayor intensidad a las mujeres y a los barrios del sur porteño, donde la tasa de desempleo trepa al 10,5%.

La desocupación en la Ciudad de Buenos Aires volvió a crecer en el segundo trimestre de 2025 y alcanzó al 7,7% de la población económicamente activa, afectando a 132.000 personas, según datos del Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA).
En comparación con el mismo período de 2024, la desocupación creció 0,4 puntos porcentuales, lo que representa 7.500 nuevos desocupados. Las mujeres sufren un impacto más severo: mientras que el desempleo masculino se mantiene en 6,7%, la tasa femenina llega al 8,8%, y representan el 63,6% de los subocupados por falta de horas. Esto refleja no solo menor acceso al empleo, sino también una mayor exposición a la precariedad laboral.
El análisis territorial evidencia aún más desigualdad. La Zona Sur, históricamente más vulnerable, acumula un 23,4% de fuerza laboral en situación de desempleo o subocupación, mientras que en la Zona Norte, la cifra combinada se mantiene en 12,2%. La concentración de la actividad económica y financiera en el norte de la ciudad no alcanza a contrarrestar la precarización que afecta a los sectores más postergados.
La informalidad laboral avanza: el 28,4% de los asalariados porteños no tiene aportes jubilatorios, un aumento de 2,3 puntos en el último año, y los contratos temporales representan el 6,1% del empleo. Al sumar desocupación y subocupación, el 18,1% de la fuerza laboral se encuentra en condiciones de precariedad laboral, con un impacto particularmente severo sobre las mujeres (22,1%) frente a los varones (14,1%).
Los datos reflejan que, incluso en el distrito más rico del país, las políticas económicas del gobierno de Javier Milei comienzan a traducirse en desempleo, precariedad y creciente desigualdad. La “estabilidad” macroeconómica prometida no alcanza a contrarrestar los efectos negativos sobre los trabajadores, y evidencia un patrón en el que los sectores más vulnerables cargan con el costo social del ajuste económico.
