Duras críticas de uno de los redactores de la Reforma Laboral: “El Senado la votó sin leerla”
Las declaraciones de uno de sus propios redactores, lejos de cerrar la discusión, profundizan la necesidad de revisar no solo los artículos cuestionados, sino también la dinámica con la que se construyen y sancionan las leyes en el Congreso.

El debate en torno a la Reforma Laboral sumó un capítulo polémico tras las declaraciones del abogado laboralista Julián De Diego, quien participó en la redacción del proyecto y aseguró que la mayoría de los senadores aprobó la iniciativa sin haberla leído en profundidad.
Sus dichos no solo exponen una supuesta falta de rigor legislativo, sino que también reavivan el cuestionamiento sobre la calidad del debate parlamentario en torno a una norma de alto impacto social.
En declaraciones al canal TN, De Diego fue categórico: “La mayoría no lo leyó”, afirmó en referencia al tratamiento en el Senado. Según su mirada, la carencia de estudio previo impide a los legisladores argumentar con solvencia técnica y jurídica, lo que debilita la deliberación democrática. La crítica es severa porque apunta al corazón del proceso legislativo: la responsabilidad de analizar en detalle el contenido normativo antes de votarlo.
El abogado también reveló que, pese a haber participado en la elaboración del texto, el proyecto sufrió modificaciones de último momento. Entre ellas, destacó el artículo que contempla el pago del 75% del salario en casos de infortunios “inculpables”, es decir, situaciones ajenas a la voluntad del trabajador pero fuera del ámbito laboral. Para De Diego, esta disposición requiere revisión urgente: advirtió que podría generar perjuicios económicos graves y una ola de litigiosidad si se implementa tal como está redactada.
Más allá de la controversia puntual, sus declaraciones abren interrogantes sobre la técnica legislativa y la previsibilidad jurídica. Señaló que las leyes no pueden tener efecto retroactivo —por ejemplo, en materia de despidos— y desestimó algunas críticas públicas, como las referidas al banco de horas extras, al sostener que ese mecanismo existe desde 1991. También relativizó los cuestionamientos sobre vacaciones y jornadas extendidas, argumentando que muchos de esos esquemas ya funcionan bajo acuerdos entre partes.
Sin embargo, el eje central de la polémica no reside solo en el contenido de la reforma, sino en el procedimiento. Si efectivamente parte del Senado votó sin un conocimiento acabado del texto, el problema trasciende la coyuntura política y pone en tela de juicio la calidad institucional. Una reforma laboral impacta directamente en derechos, costos empresariales y en la estructura del mercado de trabajo; su tratamiento exige un debate informado, transparente y técnicamente sólido.
